
¿Qué significa? Rehacer, redecidir, revelar, repetir, restaurar, recordar…
En este artículo vamos a hablar sobre el significado y las ramificaciones de la Resurrección, y creo que te vas a llevar una grata sorpresa. Cuando las personas oyen la palabra “resurrección”, suelen pensar inmediatamente en la resurrección de Jesús tres días después de su muerte en la cruz hace unos dos mil años. Por supuesto, la palabra “resurrección” (y sus derivados) es en realidad una palabra neutral que se refiere a muchas cosas. Por ejemplo: “Ha habido una gran resurrección del interés entre los jóvenes por la moda de los años 80”. O bien: “El intento de resucitar el interés por reconstruir el antiguo teatro fracasó y fue demolido”.
“Resurrección” es una de las tantas palabras que comienzan con “RE”, es decir, que implican un retorno a algo mediante su repetición. “Re-hacer, re-cordar, re-visar, re-velar, re-decidir, re-staurar, re-tornar, re-inventar, re-petir, re-pagar, re-frescar, re-calibrar, re-sponder, re-formar” y muchas más nos invitan a regresar y repetir algo en distintas formas. Así que “resucitar”, en su forma corta, significa volver a algo y re-experimentarlo, traerlo de nuevo, quizá transformarlo un poco o darle frescura.
¿Por qué querríamos hacer eso?
Porque sentimos que aún puede tener valor. Tal vez podría volver a servir, o traer de regreso un enfoque que era mejor que el actual. Quizás perdimos algo valioso al descartarlo en el pasado, y ahora vale la pena recuperarlo. ¿Por qué traer de vuelta algo que sigue siendo un desastre? No. Queremos traer de vuelta aquello que puede ser valioso otra vez, como una vieja película o ese estilo que llamamos “retro” porque, tal vez, algunas personas lo extrañan, o porque fue tan feo que ahora resulta genial. Ya te haces una idea. Hay muchas razones para resucitar algo, pero la principal es que intuimos que aún posee valor.
No verás a mucha gente queriendo resucitar el “Pony Express” (un servicio de correo exprés que operó entre abril de 1860 y octubre de 1861) o las lámparas de grasa de ballena. Ya no tienen valor en absoluto.
¿Y si pudiéramos resucitar -o traer de regreso- un enfoque transformador de la vida misma? Algo completamente olvidado, perdido en las brumas del tiempo.
¿Y si traerlo de regreso fuera lo más sencillo del mundo y, al mismo tiempo, provocara una enorme controversia al punto de que, tal vez, las personas podrían ser asesinadas solo por intentar hablar de ello? ¿Qué podría ser eso?
Bueno, abordémoslo de forma oblicua y sí, volvamos al rey de las resurrecciones, ese maestro que intentó ilustrarlo hace mucho tiempo y fue tan profundamente incomprendido que la verdad de su enseñanza se perdió nuevamente por otros dos mil años.
Jesús fue un hombre que comprendía plenamente que él era la “Conciencia” expresándose temporalmente en forma humana. También sabía que todo lo que veía, oía, tocaba, olía y sentía era también conciencia expresándose en una forma física temporal. En otras palabras, sabía que su persona local era impermanente, pero estaba ocupada por algo eterno e infinito. Esta es una definición clásica de un ser iluminado.
Como ser iluminado, sabía que todo lo que experimentaba a través de sus sentidos estaba automáticamente en alineación con él. Otra manera de decir esto es: el Espíritu siempre reconoce al Espíritu en todo lugar, y por tanto todo lo que lo rodeaba lo reconocía y se alineaba con él, de forma “re-cíproca”. Ahí está otra vez el prefijo “RE”.
Jesús solía volver a algunas comprensiones fundamentales, a ciertas verdades esenciales en sus enseñanzas, sermones que siempre giraban en torno a la verdad de cómo son las cosas.
La primera enseñanza esencial era: “Obsérvame y ve lo que estoy haciendo; nota cómo soy, y aprende de ello”. La segunda enseñanza era: “Todo lo que yo puedo hacer, tú puedes hacerlo, y aún mejor”.
Por supuesto, dijo muchas otras cosas también, pero estas dos enseñanzas se siguen lógicamente una a la otra y fueron repetidas con frecuencia. Además, enseñaba mayormente por medio de parábolas y con el ejemplo. Y lo hacía en el idioma de los nómadas, el arameo, un idioma cargado de verbos, lo cual traduce muy mal a lenguas como el latín, el griego o, por supuesto, el inglés, que están cargadas de sustantivos.
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Así que gran parte de lo que dijo fue completamente mal traducido, y luego distorsionado sin remedio. Es un milagro que algo de sabiduría o información precisa haya sobrevivido, pero así fue, porque “debía sobrevivir”.
Jesús fue un maestro de parábolas apasionadas y eventos simbólicos, siempre diseñados como enseñanzas, porque sabía que las personas a quienes enseñaba – mayormente analfabetas – obtendrían mucho más de una historia o de un evento como el de los panes y los peces, que de una disertación.
También está la historia de cómo levantó (resucitó) a Lázaro de entre los muertos temporalmente para hacer un punto. Lázaro murió poco después, así que solo fue resucitado por un breve tiempo. ¿Por qué hizo esto? ¿Fue solo una demostración? “Miren lo que puedo hacer, ja ja”. Por supuesto que no. Esto fue una “alusión simbólica al poder que todos tienen, no de levantar a los muertos, sino de resucitar la vida”.
Su muerte en la cruz poco tiempo después y su resurrección tres días después fue la misma enseñanza una vez más, no para ilustrar el acto de resucitar a los muertos, sino para enseñarnos a “resucitar la vida”. Eso es lo que todos estamos aquí para hacer, cada día. Solo que lo hemos olvidado, y seguimos olvidándolo.
Ahora probablemente estés pensando: “Sí, pero aún no entiendo del todo el punto. ¿Qué quieres decir con resucitar la vida, y por qué es eso importante? ¿Acaso eso no sucede solo? ¿Qué tengo que ver yo con eso?”.
Jesús fue un alma vieja de nivel 7, una alma trascendental que, tras su crucifixión, se convirtió en el alma infinita.
“Infinito” significa, por supuesto, “sin limitación alguna”, y normalmente se empareja con “eterno”, así que infinito y eterno significa sin principio, sin fin, y sin limitaciones espaciales. Eso abarcaría todo lo posible, todo y nada.
Así que ahora sabemos cuáles eran sus credenciales, y cuáles pueden ser -y serán- nuestras credenciales también, porque, recuerda su otra enseñanza: “Todo lo que yo puedo hacer, tú también puedes hacerlo, y aún mejor”.
¿Qué quería decir con esto?
Bueno, básicamente él hablaba de “alineación”. Cuando las ruedas de tu auto están alineadas, en realidad significa que están alineadas entre sí y con el camino, de modo que el viaje es suave, se gasta la menor cantidad de energía para recorrer la mayor distancia posible. Bastante bien.
Ahora, en el plano físico, los físicos han determinado que, gradualmente, todo tiende a deteriorarse, y el desorden y la aleatoriedad aumentan, lo que lleva a una pérdida de productividad. A este proceso lo llaman “entropía” o “rendimientos decrecientes” debido a la imprevisibilidad y el desorden. Así que dirían que, mientras conduces tu auto, las ruedas tenderán poco a poco a desalinearse hasta que, básicamente, ya no puedas conducir a más de 1 km/h.
Ahora bien, si bien la entropía puede usarse para describir la tendencia de un sistema hacia el desorden, es una cantidad específica y medible relacionada con la disponibilidad de energía dentro de un sistema.
¿Y qué tiene esto que ver con la Resurrección? Veamos.
Tomemos esta idea de alineación y tradúzcamosla a estar en alineación con el Espíritu. Así que, si estamos en alineación con el Espíritu, estamos en el mismo programa: mínimo gasto de energía para el máximo recorrido. Pero con el tiempo, si la entropía hace lo suyo, nosotros, los humanos, empezamos lentamente a salir de esa alineación con el Espíritu solo por distracciones (como si el auto pasara por un bache), y por eventos aleatorios como traumas (una llanta pinchada), accidentes (el auto se sube a la banqueta), circunstancias difíciles (caminos en mal estado), y así sucesivamente… Poco a poco, nos detenemos.
Eso no significa que el Espíritu ya no esté (la carretera sigue ahí). Solo que ya no estamos alineados de una manera en que podamos beneficiarnos del sistema funcionando, y eso no se siente bien (viaje inestable y lleno de baches). Por eso, necesitamos resucitar la experiencia de estar en alineación con el Espíritu, y entonces el viaje vuelve a ser fluido y podemos avanzar lejos con el menor esfuerzo. ¿Tiene sentido?
Esto nos lleva a la pregunta: ¿cómo volvemos a estar alineados? ¿Cómo resucitamos esa experiencia de funcionamiento armonioso?
En realidad es muy fácil, pero como somos tan vulnerables a las distracciones, parece difícil. Alinear las ruedas y llantas de un coche es una cosa, pero alinearse con el Espíritu es otra -y mucho más fácil-, porque no requiere pesos, ni llaves, ni palancas.
En resumen (sujétate el sombrero):
- No puedes alinearte bien con el Espíritu si no crees que el Espíritu existe, así como no puedes alinear las ruedas con la carretera si no crees que hay una carretera.
- Una vez que lo crees, lo verás en acción. No es solo una teoría o hipótesis. Es una experiencia. Saldrás al camino y dirás: “Caray, la carretera Sí está aquí”. Miras a tu alrededor y notas que eres consciente y que estás despierto. Notas que estás vivo. Ese es un buen comienzo.
- Te das cuenta de que, cuando estás consciente, estás en comunicación con todo lo que ves, sientes, percibes a través de todos tus sentidos. Sientes la carretera bajo ti, la ves delante, percibes los cambios cuando pasas del asfalto a la tierra, a la grava o a la nieve. Tu mundo está vivo, activo y responde a ti, y tú a él.
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Comienzas a ver que el Espíritu está en todo, que las cosas no están divididas entre tener o no tener Espíritu. Todo es Espíritu, al igual que tú, y es una gran danza que incluye a personas, animales, plantas, rocas, ciudades, océanos, montañas, etc. Todo, sin excepciones. Ahora estás nuevamente en alineación y has resucitado tu relación correcta con el Espíritu. Todo empieza a funcionar. Estás en la línea dorada. Las cosas van bien y te sientes bien. El viaje es maravilloso. Eso es todo… hasta que lo olvidas. Ups. Es hora de una nueva alineación. Otra resurrección.
Este proceso puede necesitar repetirse muchas, muchas veces al día, hasta que se vuelva permanente y ya no olvides más.
Tal como lo dio a entender Jesús: no hay muerte de la cual resucitar; puedes resucitar la vida en cualquier momento y en cualquier lugar con el simple acto de reconocerla.
Así que nuestro propósito es resucitar al Espíritu en todo, reconociéndolo, despertándolo.
La enseñanza de Jesús, a través de su propia resurrección, fue acerca de resucitarlo todo, el mundo entero, no solo su cuerpo.
Todo puede ser resucitado, y todos estamos diseñados para hacerlo.
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Nota. La Escuela del Camino del Poder Chamánico. Artículo de José Stevens, 18 de junio de 2025. Traducción, Edición y Difusión: Juan Angel Moliterni (www.escuelaclaridad.com.ar). Se autoriza la redistribución de este boletín e información personalmente y vía Internet con la condición de que el contenido permanezca intacto, de que se respeten los créditos del servicio, los autores, los editores y se mencionen la fuente y enlaces correspondientes. Gracias por colaborar en hacer que estas ideas (link) lleguen a la atención de un público más amplio.
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