
La Confianza es el puente entre lo invisible y lo concreto.
Confiar no es cerrar los ojos y esperar lo mejor. Tampoco es una fe ciega que niega lo que duele.
Confiar es saber que hay una inteligencia en movimiento -aunque no siempre la comprendas- y que tu alma forma parte de esa danza.
Confianza es un músculo sutil que se fortalece cuando sueltas el control sin perder la dirección.
Es mirar lo que no entiendes y no reaccionar desde el miedo, sino desde el centro.
Es sostener la calma en medio del cruce, aunque no veas aún la otra orilla.
En el día de Hoy, dedica tu ENFOQUE y observa:
¿Dónde se tensa tu cuerpo cuando no confías? ¿Dónde sueltas cuando sí confías?
…
Confianza no significa no actuar, sino actuar sin ansiedad. No es pasividad: es acción alineada con una visión más amplia que la de tu mente inmediata.
Confiar es aceptar que no necesitas todas las respuestas ahora, porque hay un ritmo más sabio que tú guiando el proceso.
Las grandes transformaciones no llegan cuando todo está resuelto, sino cuando eliges dar un paso con el alma en paz, aún sin garantías.
Ese paso que das desde el corazón -ese, que parece pequeño- abre puertas que la lógica nunca podría prever.
Recuerda, lo invisible se hace concreto cuando tú confías primero. Y lo que parecía improbable… empieza a suceder.
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Bendiciones Multiplicadas! Juan A. Moliterni |
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