Existe un espacio silencioso, invisible e ilimitado desde donde emergen todas las cosas: el Campo de Potencialidad Pura. No es una metáfora poética, sino una realidad cuántica y espiritual. Todo lo que fue, es y será -todo pensamiento, emoción, forma y suceso- tiene su origen en ese campo. Es el espacio del alma antes de la forma, el silencio previo al sonido, la calma que contiene todos los vientos posibles.
En ese campo, no hay separación. No hay “yo” y “el mundo”, no hay límites entre “mi vida” y “el destino”. Es una matriz vibratoria donde el universo danza según el nivel de conciencia con el que participamos. Aquí no se trata de imponer la voluntad, sino de entrar en resonancia. No se trata de forzar, sino de permitir.
Cuando estamos conectados al Campo de Potencialidad Pura, dejamos de buscar afuera lo que ya somos adentro. Desde esa quietud, accedemos a nuestra sabiduría más profunda y a las respuestas que la mente no puede producir. El campo no responde al esfuerzo ni al intelecto, sino a la claridad, la coherencia y la confianza.
¿Cómo acceder a él? La invitación en el día de hoy es a ENFOCARTE en el Aquietamiento. A través del silencio interior es que se accede al Campo. Meditación, contemplación activa, caminatas conscientes, momentos de presencia profunda… todo aquello que silencia el ruido del ego abre la puerta al campo. Cuanto más nos aquietamos, más cerca estamos de su umbral. Y una vez dentro, comenzamos a actuar desde el centro y no desde la periferia.
Este campo no decide por nosotros. Es como un lienzo en blanco que entrega infinitas posibilidades, esperando que las pintemos con nuestras elecciones más auténticas. La clave es entender que la intención, al ser sembrada en este campo, se transforma en creación. Pero no cualquier intención, sino aquella que proviene del alma, no del miedo ni de la carencia.
Allí descubrimos que somos co-creadores. Que no venimos a reaccionar a la vida, sino a participar conscientemente en su diseño. Y que nuestro estado interior es el pincel con el que coloreamos lo posible.
Lo invisible no es ausencia. Es origen. Y desde ese lugar sin forma, comienza a nacer cada milagro. En un mundo obsesionado con el “hacer”, esta lección nos recuerda que el mayor acto creativo empieza en el “ser”.
| Bendiciones Multiplicadas! Juan A. Moliterni |
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Anahi Martella
Amo