Renovación de sí mismo 3

con No hay comentarios
Comparte esta página donde quieras

altar

La Evolución.

Una de las ideas más brillantes y fructuosas que la Ciencia ha dado al mundo moderno es la de la Evolución. Pero el sesgo materialista que el pensamiento científico ha tomado desde el principio, ha hecho que esta idea quede como una verdad a medias, desprovista de su verdadera importancia y valía en la vida humana. Le ha correspondido a la Teosofía proveer la otra mitad de la verdad y hacer así que esta idea sea realmente dinámica y de gran ayuda en la comprensión de la vida y sus fenómenos.

La idea básica de la evolución como la da la Ciencia es fácil de captar. La teoría de la evolución fue formulada originalmente por Darwin para explicar la gran variedad de especies en el reino animal; pero pronto se aplicó y se extendió en otras direcciones y se vio que arroja luz sobre fenómenos de muy diversas clases. Su idea central es la de que los cambios que han producido tan gran variedad de especies en el reino animal, no ocurren al azar sino son el resultado de los esfuerzos que las formas hacen para adaptarse gradualmente al ambiente. Las formas continúan modificándose para adaptarse a las condiciones peculiares del ambiente cambiante. Cambios mayores y más fundamentales producen los diferentes géneros, mientras cambios menores y locales producen la gran variedad de especies. La continuidad de cambios en las formas, que se observa como un hecho en la naturaleza, se explica por la dependencia de estas formas de un ambiente que cambia gradualmente. De suerte que lo que esta teoría hizo realmente fue introducir orden en la confusión de los fenómenos biológicos, al mostrar que la gran variedad de formas vivientes no carecen de relación unas con otras sino que tras de este cambio de formas opera un principio de derivación que las va adaptando al ambiente en que se encuentran.

Se verá que en la idea de la evolución, tal como la dio la Ciencia, los cambios en las formas se tribuyen al esfuerzo de las formas por adaptarse a su ambiente. Este es el resultado natural de considerar este proceso como un fenómeno pura mente físico y de estimar el aspecto vital del proceso como un subproducto de los cambios físicos. Puesto que se considera que la vida es el resultado de la interacción de materia y fuerza, es inevitable que no se la tenga en cuenta al considerar la serie de cambios que ocurren en las formas, y que se atribuyan estos cambios solamente a la influencia del ambiente. Se ve, pues, que lo limitado del concepto científico de la evolución se debe a la posición adoptada por la Ciencia moderna con respecto a la naturaleza del Universo; posición que puede resumirse en una sola palabra: materialismo.

La contribución importante y vital de la Teosofía a la idea de la Evolución, fue la de mostrar el otro lado de la medalla y dar así un cuadro completo del proceso. La Ciencia Teosófica dispone de medios para investigar los fenómenos de la vida de un modo más directo y amplio que como puede hacerlo la Ciencia moderna. Y como resultado de estas investigaciones ha definido que la vida no es un subproducto de la materia y la fuerza, sino un principio independiente que utiliza materia y fuerza para expresarse en el plano físico.

Las formas existen para que la vida que las anima pueda expresarse. Y cambian para atender a las demandas crecientes y diversas de la vida que quiere expresarse más plenamente La vida toma para sí forma tras forma y gracias a los estímulos que recibe por medio de ellas desarrolla y manifiesta gradualmente sus posibilidades latentes. Las formas mueren y desaparecen, pero la vida que funcionó por medio de ellas crece más y más.

De suerte que detrás de la serie de cambios en las formas, que la teoría científica de la Evolución hace aparecer como un panorama sin sentido de cambios interminables, vemos ahora que la vida está evolucionando continuamente por medio de estas formas diversas que utiliza en sus diferentes etapas de evolución. Vemos que en la infinita variedad de formas que constantemente están destruyéndose, hay un propósito inteligente y definido de la naturaleza; propósito que hoy por hoy le niega la Ciencia. La Ciencia moderna es como un sordo que estudia diferentes instrumentos musicales de creciente delicadeza; los estudia con gran cuidado, pero se niega a aceptar la existencia de la música.

No es raro, pues que el tema de la Evolución tal como lo estudia y lo expone la Ciencia, sea tan poco atractivo; cuestión de hechos áridos, de fósiles desenterrados de las entrañas de la tierra, de esqueletos armados pieza por pieza. Y que nos de una visión muy parcial, si no torcida, del proceso.

En cambio, la Evolución como nos la presenta la Teosofía es una idea dinámica, más fascinante cuanto más se la estudia. Nos da como en un relámpago una penetración en todos los procesos de la Naturaleza que ocurren ante nuestros ojos. Fusiona en un conjunto integrado todos los hechos y fenómenos de la vida que alcanzamos a conocer. No sólo ilumina el pasado y el presente, sino también nos da una vislumbre del futuro. Y esto no sólo en relación con la humanidad en conjunto sino con nosotros como individuos. Nos indica la perfección que hemos de alcanzar algún día, y también los peldaños de la escala por los cuales ascendemos hacia esa perfección. En efecto, el rasgo más importante de esta visión Oculta de la evolución no es el de la penetración intelectual en cuanto al funcionamiento de la Naturaleza, sino el de la certeza que nos da de nuestro triunfo final sobre todas las dificultades, imperfecciones y limitaciones. De esta manera se nos capacita para tratar el problema global de la renovación de sí mismo de una manera científica, y para desarrollar nuestros poderes y facultades con tanta confianza como la que muestra un científico al trabajar en su laboratorio.

Debe entenderse claramente que no existe límite alguno para el desenvolvimiento gradual de la Vida Divina que está manifestándose en el Universo en diversas formas. No existe un punto en que pueda decirse que se ha alcanzado la perfección final. Pero para la humanidad hay un lindero que puede considerarse que marca el límite del reino humano; se alcanza cuando un Arhat que marcha por el Sendero de Santidad se convierte en un Jivanmukta o Maestro de Sabiduría. Cuando un Adepto alcanza este punto definido, deja de ser compulsoria para él la reencarnación, pues ha pasado de la etapa humana a la Superhumana y de ahí en adelante su desenvolvimiento continúa en planos superfísicos. La perfección a que se ha aludido arriba es, pues, la perfección relativa que alcanza un Maestro de Sabiduría.

También es necesario recordar que no podemos saber lo que es esta perfección mientras no alcancemos esa etapa nosotros mismos. Pues las realidades de la vida superior no pueden conocerse sino por experiencia directa, y ninguna descripción verbal, ni siquiera el máximo esfuerzo imaginativo, pueden capacitamos para comprenderlas como realmente son.

De modo que al decir que estamos tratando de entender estas cosas, mientras estamos todavía confinados dentro de los ámbitos del intelecto, lo que realmente se quiere decir es que estamos tratando de captar vislumbres o débiles reflejos parciales de ese esplendor oculto que es totalmente inconcebible y sólo puede ser realizado hasta cierto grado en nuestro corazón cuando lo permite nuestro desarrollo interno.

* * * * * * *

Luego de esta explicación, echemos un vistazo panorámico a este vasto proceso de la Evolución. Un tema tan fascinante como es este, y sin embargo no podemos tratarlo detalladamente en el espacio de este documento. Apenas podemos exponer ciertas amplias generalidades y señalar los puntales más importantes de esta ruta a lo largo de la cual todos estamos viajando.

Si te gusta la Publicación, dale clic al café: ¡INVÍTANOS A UN CAFÉ! (pesos ARG)

Centro Escuela Claridad

Conforme a las enseñanzas Teosóficas, toda vida que vemos en manifestación a nuestro rededor, proviene de la Esencia Divina Una, y después de desarrollar todas sus potencialidades se sumergirá otra vez en esa Fuente Divina. Todas las cualidades y poderes que asociamos con la Perfección Divina están latentes cuando la vida surge de su Divino Origen, en estado germinal, tal como un árbol está oculto en su semilla. Esas cualidades se desenvuelven o empiezan a funcionar lentísimamente, gracias a los impactos del exterior que proveen la fuerza evolutiva, y gracias también a la constante presión que la Voluntad Divina ejerce desde adentro. Y cuando la vida, después de alcanzar su perfección, vuelve a fundirse conscientemente en la Divinidad, todas las cualidades y poderes pertenecientes a esa etapa particular de evolución están en plena manifestación.

Otra enseñanza fundamental de la Teosofía es la de que nuestro sistema solar que es el vasto escenario de la Evolución, es de constitución séptuple. O sea que existen otros seis mundos de materia progresivamente más sutil, que interpenetran el mundo físico conocido por nuestros sentidos. A estos mundos se les llama “planos” en la literatura Teosófica, y a cada uno se le da un nombre. Al plano inmediato al físico, al cual pasamos en el sueño y después de la muerte, se le llama astral o “emocional” porque se relaciona con nuestras emociones, sentimientos y deseos. Al siguiente, en el cual pasamos la mayor parte del tiempo en el período entre dos encarnaciones se le llama “mental” y se relaciona con nuestros pensamientos.

Luego vienen sucesivamente los planos Búddhico (Intuicional), Atmico (Volitivo), Anupadaka (Monádico) y Adi (Divino) Estos mundos se relacionan con nuestro ser espiritual eterno, y son la fuente de nuestros más altos conocimientos y poderes espirituales.

Ahora bien, el hombre y de hecho toda vida en variadas formas, están conectados de cierta manera con todos estos siete planos. Pero concretándonos por ahora al hombre, podemos decir que tiene un vehículo de conciencia para cada plano.

Su vida tiene sus raíces en la vida del Logos, en el plano más elevado, y fluye desde ese centro a través de todos los vehículos que conectan al hombre con los diferentes planos.

Un rayo de conciencia Divina circula por todo el juego de vehículos que representan a la Mónada en los diferentes planos, energizándolos y haciéndolos crecer gradualmente hasta que un fragmento Divino se yergue plenamente desarrollado, omnipresente, omnipotente y omnisciente en todos los planos.

Para mejor comprensión tracemos un diagrama con siete círculos concéntricos, cuyo Centro represente al Logos Solar que dirige todo este sistema durante todo el período de su manifestación. Los siete círculos representan los siete planos siendo el más externo el plano físico o más denso.

El punto importante que hay que recordar al mirar este diagrama es el de que cada círculo representa una esfera y que estas siete esferas se interpenetran de modo que la más interna impregna a todas las demás. Estas esferas no indican, pues el tamaño de los diferentes planos, sino sus relaciones espaciales. Nuestra conciencia, acostumbrada a un espacio tridimensional, no puede imaginar las condiciones de los planos superiores, donde tiene que trabajar con más de tres dimensiones; y por eso nos es tan difícil obtener la idea más llana de las relaciones recíprocas de los diferentes planos.

El plano físico, en el que nuestra conciencia está mayormente confinada por ahora, es el más denso; es la esfera más externa en este diagrama. Es el que está sujeto a las mayores limitaciones e ilusiones. Al penetrar hacia adentro, esfera tras esfera, o plano tras plano, estas limitaciones son menos apremiantes, y los velos de ilusión se adelgazan hasta desaparecer completamente cuando alcanzamos la conciencia del Logos Solar que a todos ellos los impregna y sostiene.

A una Mónada o alma individual en manifestación podemos representarla en este diagrama por un radio que atraviesa todos los círculos concéntricos. Esto indica que el rayo de la conciencia Divina que representa a una Mónada, pasa a través de todos los planos y energiza un juego completo de vehículos que la conectan con los diferentes planos. Imaginemos todos los vehículos de una Mónada particular como ensartados en este hilo de conciencia que de esta manera los unifica a todos a pesar de las tremendas diferencias de sus modos de funcionar. A medida que avanza la evolución, los diferentes vehículos, empezando por el físico, se desarrollan, se avivan y se capacitan para servir mejor a la Mónada en los planos sucesivos.

La evolución de la vida proveniente del Logos, que después de desenvolver sus potencialidades Divinas vuelve a fundirse en El, pasa por varias etapas de involución antes de llegar a la etapa mineral. Es bueno recordar, sin embargo, que antes de que la Vida alcance la etapa mineral que muchos consideran como la más baja, ha pasado por lo menos por tres etapas precisas y bien reconocidas. En esas etapas, que son de involución y no de evolución realmente, la Vida se hunde más y más en la materia antes de empezar a Ascender de nuevo en el proceso de evolución. La etapa mineral es así el punto más bajo en un círculo que representa el ciclo de involución y evolución.

Por tanto, la Vida emerge definidamente en nuestro horizonte mental en la etapa mineral. La Vida en la etapa mineral, al menos en lo concerniente a su manifestación en el plano físico, ha sido estudiada muy completamente por la ciencia moderna, y las leyes de su funcionamiento se encuentran en la literatura de ciencias tales como la química, la física, la geología y la astronomía. Pero incluso en lo referente a la etapa mineral, sobre la cual la Ciencia ha hecho estudios detallados, la Teosofía sabe mucho más en ciertos aspectos. Sin embargo, no es necesario entrar aquí en esta cuestión.

La siguiente etapa en la evolución transcurre en el reino vegetal, donde la respuesta a estímulos externos se vuelve un poco más precisa que en el reino mineral, y la capacidad de sentir sensaciones se desarrolla en mayor grado. Todavía las sensaciones son indefinidas, porque el cuerpo emocional que es el vehículo para sentirlas no está todavía organizado sino es apenas un agregado de materia emocional. Por tanto no puede decirse que las plantas y los árboles sienten placer o dolor, sino que sus respuestas a los estímulos externos parecen ser de placer o dolor.

Recordemos que en el reino vegetal existen grandes diferencias respecto a grado de evolución, y que los miembros más adelantados de este reino tienen tal vez una mayor capacidad para sentir sensaciones que los miembros más inferiores del reino animal. Estos reinos de la Naturaleza no están rigurosamente separados entre sí, sino que hay una considerable cantidad de traslapo (superposición) entre ellos y a veces es difícil definir a qué reino pertenece cierto miembro. La vida en el reino vegetal, tal como se manifiesta en el plano físico por medio de organismos físicos, también ha sido tema de mucha investigación y las leyes y hechos pertinentes a ella constituyen la ciencia de la botánica.

La vida en el reino vegetal está ciertamente mucho más evolucionada que en el reino mineral; pero el hecho de que los organismos vegetales están arraigados a un sitio particular limita la variedad de estímulos que pueden recibir de su ambiente. Esta limitación desaparece en la etapa que sigue, o sea la del reino animal cuya capacidad para moverse le abre las puertas a una variedad y cantidad de mayores experiencias. Esto sin duda acelera muchísimo la evolución de la vida, y tal vez se debe a esto que encontremos en los animales superiores no sólo la capacidad de sentir sensaciones bien desarrollada, sino también los inicios de actividad mental.

Es necesario señalar que el cuerpo emocional y el sistema nervioso de los animales están bastante bien organizados, y por lo tanto su capacidad de sentir placer o dolor está bastante desarrollada. Por esta razón, cualquier herida infligida al cuerpo físico la siente agudamente el animal aunque no pueda expresar sus sentimientos. Quienes infligen dolor a los animales o son causa de que se les inflija, ya sea para alimentarse o por deporte, debieran tomar nota de esto. El sufrimiento que se produce a otros recae sobre su causante tarde o temprano, y la ley de karma no deja de funcionar en el caso de los ignorantes o de los que tratan de encontrar excusas plausibles a su mal obrar. Si la gente se imaginara los sufrimientos futuros tan terribles que está echándose encima por su dureza y crueldad con los animales, se inclinaría menos a encogerse de hombros ante estos temas desagradables y a continuar obrando de una manera tan irresponsable.

Una importante contribución que ha hecho la Ciencia Teosófica al problema de la evolución en los reinos mineral, vegetal y animal, es la de esclarecer el mecanismo de esa evolución. Se ha encontrado por medio de investigaciones extrasensorias en los planos superiores, que el mecanismo de la evolución en estos reinos difiere en un respecto fundamental del de los seres humanos: en que cada organismo físico no tiene un “alma” separada como sí la tiene cada ser humano. En vez de ello, cierto número de organismos físicos está asignado a un “alma-grupal” que de esta manera se convierte en la depositaria de todas las experiencias por las que pasan esos organismos, a la vez que les provee la vida que los informa y energiza. Este hecho interesante de evolución colectiva, arroja luz sobre muchos problemas relativos a la vida de animales y plantas, e incidentalmente muestra de modo notable los ingeniosos métodos que la Naturaleza adopta para lograr sus fines. Pero como esta cuestión no es pertinente al tema que tenemos entre manos, no necesitamos entrar en detalles.

Podemos pasar ahora a la etapa humana en la que estamos principalmente interesados. Aunque según todas las apariencias externas la etapa humana no es sino una continuación de las anteriores y en cierto sentido así lo es, conviene anotar que cuando la vida entra en esta etapa sobreviene un cambio fundamental que distingue marcadamente la vida en la etapa humana de la vida en el reino animal. Expuesto muy brevemente, este cambio consiste en que se forma el cuerpo causal que es el vehículo más externo del alma individual o espiritual, y dentro del cual desciende directamente la vida del Logos. Por medio de este cuerpo comienza esa vida a trabajar de una manera más dinámica. Esta introducción de un nuevo elemento Divino en el hombre, procedente del propio Logos, elemento que no existe en los vegetales ni en los animales, da origen a esa facultad peculiar del hombre que se designa en psicología como auto-conciencia, la cual permite ese desarrollo ilimitado y rápido de la vida Divina que tiene lugar en las etapas humanas y superhumanas. La vida se ha convertido en una unidad individual de conciencia, y esta conciencia puede seguir ampliándose sin ningún límite.

Las primeras fases de la etapa humana transcurren en las condiciones salvaje, semi-civilizada y civilizada. El hombre adquiere experiencias de toda clase bajo circunstancias muy variadas. Su cuerpo emocional y mental se desarrolla lentamente a través de reencarnaciones bajo condiciones diferentes que él mismo crea con sus pensamientos, deseos y actos. Sus sentimientos y emociones desarrollan su cuerpo emocional. Sus pensamientos en términos de imágenes le desarrollan la mente inferior. Los pensamientos que dedica a temas abstractos y cosas superiores le desarrollan la mente superior que opera por medio del cuerpo causal.

La gran mayoría de las personas civilizadas ha alcanzado la etapa evolutiva en que su cuerpo emocional está regularmente desarrollado, y su cuerpo mental inferior también está desarrollándose hasta cierto punto; pero únicamente en el caso de científicos, filósofos y otros grandes pensadores, se puede considerar que el cuerpo causal está funcionando en el sentido real de la palabra.

Después de que un individuo ha pasado por toda clase de experiencias, vida tras vida, y ha empezado gradualmente a dedicar sus pensamientos a cosas elevadas y a vivir una vida noble e inegoísta, el vehículo siguiente, o sea el del plano Intuicional, comienza a desarrollarse lentamente, y la iluminación que viene a la mente desde ese plano se muestra como la facultad del Discernimiento (en sánscrito Viveka). El individuo empieza a apreciar las verdades espirituales y a reconocer intuitivamente su existencia, aunque no tenga prueba alguna de ellas. Esta es la facultad que permite reconocer todas las verdades espirituales, y sin su desarrollo no puede hacer progreso alguno en el campo de la espiritualidad. El mero intelecto no sirve en una región que está fuera del alcance de su actividad.

Cuando el vehículo Búddhico o Intuicional está suficientemente desarrollado y comienza a influir de modo definido sobre la mente, nace el divino impulso que anuncia el despertar de la naturaleza espiritual. El individuo comienza a interrogar la vida, a preguntarse acerca de los problemas básicos de la existencia, de los cuales no se daba cuenta mientras es taba espiritualmente dormido. Empieza a buscarle una salida a este mundo de ilusiones y sufrimientos; aspira a vivir una vida superior, y siente una afinidad interna con su prójimo, que el hombre ordinario difícilmente puede entender.

Si se escucha este impulso y se le dirige rectamente, el individuo pone tarde o temprano sus pies en el sendero que lleva a la perfección, para alcanzar finalmente su meta y pasar más allá del reino humano. Si no lo escucha, si no deja que lo apague la mente inferior y que los deseos mundanos lo tuerzan, entonces el individuo tendrá que vagar por muchas vidas, vacilando entre atracciones opuestas; las atracciones de la vida inferior lo tiran hacia abajo, y las aspiraciones a la vida superior lo halan hacia arriba. Pero tarde o temprano, y como fruto de las lecciones repetidas que le dan los sufrimientos y frustraciones y desengaños de la vida mundana, el llamado divino se torna irresistible, el hombre vuelve su espalda a la vida inferior y con el rostro dirigido hacia lo Divino empieza a trepar paso a paso hacia la cumbre del monte.

Hasta aquí hemos estado bosquejando mentalmente el largo camino de evolución por el que hemos estado avanzando desde que salimos de la Divinidad, hasta cuando viene la etapa en que nace el impulso divino dentro de nosotros que nos hace pensar en nuestro verdadero hogar y en cómo regresar a él. Veamos ahora mentalmente el sendero que falta recorrer y las etapas que aún quedan por cubrir.

¿Qué debemos hacer al sentir esos anhelos por la vida superior?

Lo primero, naturalmente, es pensar a fondo en los problemas fundamentales de la vida y aclarar nuestra mente hasta que esos problemas queden definidos ante nuestra visión mental y nos demos cuenta de que la única manera como podemos resolverlos de modo satisfactorio y permanente es hollando el sendero que lleva a la perfección y a la Iluminación.

Es necesario pasar por este proceso de reflexión profunda y de minuciosa búsqueda de corazón, y tomarse el tiempo necesario para definirse con respecto a estas cuestiones vitales. Porque en muchos casos estos impulsos ocasionales que vienen de dentro se disipan porque no tenían otro origen que ciertos desengaños y frustraciones de la vida. En cuyo caso desaparecen gradualmente tan pronto como las atracciones del mundo arrojan sus velos engañosos sobre la mente, y uno vuelve a caer en el olvido de su destino superior.

El impulso divino capaz de movernos durante muchas vidas hasta alcanzar nuestra meta, ha de ser firme y fuerte y ser fruto de la madurez del alma. Madurez que se alcanza cuando uno ha pasado por toda clase de experiencias y ha aprendido las lecciones que ellas contienen.

Supongamos que el impulso que sentimos es verdadero; entonces nuestro paso siguiente ha de ser el de considerar cuidadosamente los medios que hemos de adoptar para realizar nuestro propósito. Pues hay en el mundo muchos caminos y muchos instructores, y tenemos que encontrar nuestro camino y nuestro instructor que pueda guiamos a salvo hasta el final. Algunas de las sendas que se abren ante nosotros son calles cerradas, y algunos de los instructores que nos ofrecen enseñarnos son como ciegos que guían a ciegos. Una recta selección de camino y de instructor nos economizará, por tanto, mucho tiempo y dificultades.

En el caso de quienes han pensado profundamente sobre los problemas de la vida y han entendido el plan de la evolución, no debe ser difícil la selección. El único camino que pueden escoger es el que han recorrido todos los grandes instructores y Rishis del pasado, que conduce a la perfección de la vida humana, ya se la llame Nirvana, Iluminación, o cualquier otro nombre. Y el único Instructor que pueden tener es su propio Yo Superior viviente en su propio corazón, que los ha traído a su etapa actual y que es capaz de guiarlos sin falla hasta el final mismo, hasta la meta de la Iluminación.

¿Es posible tener una idea de esa exaltada condición de Liberación, la perfección de vida que alcanza el que ha cruzado el lindero que separa la vida humana de las que están más allá?

No, salvo en la forma más brumosa. Pero el tremendo adelanto hecho por el Adepto que ha alcanzado esta etapa puede en cierta medida juzgarse por el hecho de que todos los cinco vehículos de conciencia (físico, emocional, mental, Intuicional y Volitivo) están en su caso plenamente desarrollados y vivificados, y él puede actuar en cualquiera de ellos con plena conciencia como la persona ordinaria puede hacerlo por medio de su cuerpo físico. Al Adepto le basta con enfocar su conciencia en cualquier vehículo, desde el Volitivo hacia abajo, para entrar inmediatamente en contacto con el plano correspondiente y saber cualquier cosa que quiera saber de ese plano (aunque la palabra “saber” es insuficiente para expresar el funcionamiento de la conciencia en los planos espirituales).

No sólo esto, sino que el Adepto tiene su conciencia normalmente centrada en el plano Volitivo, y cuando tiene que trabajar en cualquiera de los otros planos inferiores la enfoca parcialmente en el que sea por el momento. De suerte que todos los cinco planos inferiores del sistema Solar con los que la humanidad tiene que ver, están dentro de la conciencia de Adepto y constituyen el campo donde él trabaja para el cumplimiento del Plan Divino.

Debe recordarse que el desarrollo y organización de los tres vehículos inferiores (físico, emocional y mental) nos ha tomado millones de años. Solamente gracias a que cuando un hombre se está acercando al final de la evolución humana, o sea al umbral de la Divinidad, se acelera en tremendo grado su evolución en los campos espirituales, le es posible cubrir en unas pocas vidas la inmensa distancia que separa al Adepto del hombre corriente.

¿Qué mayores etapas de evolución y desarrollo están más allá de los ámbitos superhumanos?

No lo sabemos excepto de nombre. El intelecto humano retrocede desconcertado cuando trata de penetrar en esos misterios más profundos. Todo cuanto podemos hacer es conjeturar con asombro reverente lo que pueden ser tan exaltadas condiciones de existencia. Bástenos saber que existen y que hay quienes desde esas cumbres in imaginables están vertiendo sus bendiciones sobre nosotros que todavía vivimos en los valles de ilusión, sufrimiento y muerte.

Nota. Documento escrito por I.K. TAIMNI, Federacion Teosofica Interamericana. Edición y Difusión: Juan Angel Moliterni (www.escuelaclaridad.com.ar). Se autoriza la redistribución de este boletín e información personalmente y vía Internet con la condición de que el contenido permanezca intacto, de que se respeten los créditos del servicio, los autores, los editores y se mencionen la fuente y enlaces correspondientes. Ayúdanos a distribuir información de vanguardia, reenvía este LINK a todas las personas potencialmente interesadas, gracias.

 

$

Ingresa libremente el monto en dólares a donar!

Información personal

Total de la donación: $3.00

Comparte esta página donde quieras

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *