Casi todo lo bueno que le ocurre a una persona sensible llega sin que ella lo haya pedido: una intuición que aparece en el momento justo, una coincidencia que acomoda las piezas, una sanación que nadie supo explicar. A todo eso solemos llamarlo, con razón, recibir. La antena funciona, y lo hace desde hace mucho tiempo.
Lo que se abre ahora es la otra mitad de la historia. “Ahora estamos hablando de algo que ustedes están enviando de vuelta. Pero no hacia donde provino, necesariamente; lo están enviando al Campo”.
El Campo no es una metáfora poética ni una creencia: “El Campo es Física real. Y también es invisible”. Se trata de “una energía consciente” que está allí y que, curiosamente, “no transmite nada. No realmente”. Es el medio en el que algo ocurre, no un emisor que envía mensajes.
Y la merkabah, el vehículo de luz del alma, es la antena que se sintoniza con esa energía. Una antena, como sabe cualquiera que alguna vez haya movido la de un televisor para mejorar la señal, puede trabajar en ambos sentidos. De allí surge lo que sigue.
…
El problema no es la idea, sino la palabra
El vocabulario disponible se queda corto. Hablamos de transmisión y recepción, pero se advierte que esa expresión “no es buena, es demasiado simple”. Podría hablarse de “congruencia planeada”, pero “no es muy buena tampoco”. O quizá de “una coherencia con la energía de consciencia específica”, aunque “esa tampoco es realmente buena”. Kryon reconoce con humor: “¡Ustedes no tienen una palabra!”.
Esto no constituye un defecto. Se está intentando describir algo para lo cual el lenguaje humano todavía no posee un nombre suficientemente preciso.
Hay, sin embargo, un caso en el que la humanidad sí encontró la palabra adecuada. Cuando llegan los milagros, la sincronicidad o la sanación, ¿qué decimos? “Gracias. Esa es la palabra. Gracias, Espíritu, por amarnos lo bastante para poner estas cosas dentro”.
Pero vale una aclaración fundamental: “Tu consciencia está creando esto, todo esto. No es un regalo del cielo. Esto eres tú encajando en una divinidad que siempre ha estado ahí”. Es decir: agradecer, sí, pero comprendiendo que aquello que se recibe también guarda relación con la propia consciencia.
Como el idioma no alcanza, se ofrece entonces una imagen. El Campo es “parte del mecanismo de este reloj cósmico que reacciona a la vibración de tu consciencia”, y cuanto más elevada es esa vibración, mayor es la capacidad de recibir y también de enviar.
Para imaginarlo se propone otra metáfora: “Ustedes son jinetes de la luz. […] Imaginen una luz que transmite y recibe al mismo tiempo, que es siempre suya pero cambia de colores cuando ustedes tienen una vibración más alta. Y los colores, entonces, cambian lo que es posible en la Física, y ustedes empiezan a convertirse en parte del Campo”.
La luz no es prestada. Es siempre propia. Lo que cambia con la vibración es su color y, con él, aquello que se vuelve posible.
La limitación del lenguaje alcanza también a la forma. Se habla de la merkabah como de un doble tetraedro y, sin embargo, se aclara que “es real y es espiritual, y está allí, y es energética y definitivamente no es una figura geométrica. ¡Pero eso es lo mejor que tienen!”. “Es como Moisés, lo mejor que tenía era un fuego que no quemaba la zarza”.
Moisés no vio la fuente misma de la Presencia. Vio aquello que su percepción podía interpretar. Con la geometría de la merkabah y con las palabras utilizadas para describir el Campo ocurre algo semejante: son la zarza ardiendo, la representación que puede caber dentro de una mente humana.
Entonces, ¿qué hacemos con las palabras “transmitir” y “recibir”?
Si te gusta la Publicación, dale clic al café: ¡INVÍTANOS A UN CAFÉ! (pesos ARG)
La recomendación es práctica: “Lo más simple que puedo darles es transmisión y recepción, porque esa es la única cosa que tienen que es similar. De modo que pueden conservar eso si lo desean, pero hay mucho más”.
No eres solamente quien recibe. Durante gran parte de su historia, la humanidad fue entrenada para esperar: esperar una señal, una ayuda, una respuesta, un milagro. Sin embargo, aquello que llega no es simplemente “un regalo del cielo”, sino “tú encajando en una divinidad que siempre ha estado ahí”. Tu consciencia participa. Y aquello que eres también se proyecta hacia el Campo.
Este es quizá uno de los cambios de perspectiva más profundos: dejar de concebir al ser humano únicamente como receptor de una realidad superior y comenzar a reconocerlo también como participante activo dentro de ella. No somos solamente antenas que escuchan. También emitimos.
…
Lo que se envía es lo que eres
“Cuanto más alta es en esta vibración, más recibe y envía”. No se trata de un ritual ni de una técnica especial. Se trata, fundamentalmente, de la calidad de la consciencia.
¿Y qué es exactamente lo que se envía? “La compasión que tienen, como piezas del Creador”. Y cuando muchas personas comienzan a hacerlo simultáneamente, aparece una consecuencia inevitable: “este planeta ¡tiene que cambiar!”.
La transformación del mundo, desde esta perspectiva, no comienza necesariamente mediante grandes actos externos. Comienza en la cualidad de la consciencia que cada ser humano introduce en el Campo.
La práctica, entonces, es sencilla. Sin esperar la palabra perfecta y sin pretender comprender por completo el mecanismo, consiste en vivir y sostener cada día la compasión, la bondad y la consciencia que ya están presentes, ofreciéndolas deliberadamente al Campo.
Se recibe con gratitud, pero también se participa con consciencia.
Si necesitamos una palabra para describir este movimiento, transmitir puede servir, siempre que recordemos que es apenas una aproximación a algo mucho más amplio.
Y quizá tampoco sea necesario comprenderlo todo. La zarza de Moisés ardía sin consumirse, y aquello bastó para abrir una puerta en su consciencia. Del mismo modo, no se nos pide comprender enteramente la Física del Campo ni encontrar todavía la palabra perfecta para nombrarla.
Se nos pide algo más sencillo y, al mismo tiempo, más exigente: ser coherentes con aquello que reconocemos como verdadero y permitir que esa coherencia sea lo que llevamos al Campo.
Porque, al final, no se trata tanto de aprender una nueva tarea como de adoptar una nueva postura ante la existencia.
No solamente recibir de la Vida. También participar conscientemente en ella.
…
…
Deja una respuesta