Educando Nuestro Interior 37

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Dulzura.

Cuando la lluvia cae en el mar, obtiene la forma, el nombre y la naturaleza del mar. Asimismo, cuando el individuo se integra a la humanidad y se siente uno con todos, es dotado con el nombre, la forma y la naturaleza de la Divinidad. Lo que sea que hagan como servicio, a quien sea que se lo den, créanlo, llega a Dios personificado en esa persona. “Dios está en el corazón de todos los seres”.

Deben hablar suave y dulcemente a todos. ¿Les gusta la voz de la corneja? No; la ahuyentan en cuanto empieza a croar; su habla es dura, es demasiado fuerte para sus oídos. Han oído al cucú, ¿no es así? Ese pájaro se parece mucho a la corneja; crece en el nido de la corneja mientras el hijo de ésta se cría; es alimentado por la madre corneja junto con sus hijitos, pero nadie le tirará una piedra a un cucú. A todos les gusta su dulce voz. Hablen suave y dulcemente, entonces todos los amarán.

Los ojos ven, el oído oye, la nariz huele, el tacto les dice si una cosa es dura o blanda y la lengua saborea. Estos cinco son llamados sentidos. Cada uno hace una tarea y es apropiado sólo para esa tarea. El ojo no puede oír, ni oler ni saborear, el oído no puede ver ni oler ni saborear ni decirles si una cosa es blanda o dura. Esto no es cierto de la lengua, pues puede hacer dos cosas, no sólo una.

Y las dos tareas que Dios le ha dado a la lengua son muy importantes. Sólo piensen un poco acerca de la primera, el saborear. Si una cosa sabe mal, no les gusta y no la toman. Claro está que si están enfermos, tendrán que tomar la medicina aun cuando la lengua diga que su sabor es malo. Por eso no deben escupir todas las cosas que saben amargo; algunas los ayudarán a curar su enfermedad rápidamente y bien.

Recuerden otro hecho también, y es que aunque una cosa tenga buen sabor, puede no ser buena para la salud. La lengua les dice que una cosa sabe amarga o dulce o salada, pero no puede decirles si es buena o no para su salud. Así que deben tener cuidado de no comer demasiado y dañar la salud. Cuando el cuerpo está enfermo, la mente se vuelve débil, el cerebro no puede trabajar bien.

Ahora, veamos la segunda tarea que le fue dada a la lengua: el habla. Es una herramienta que pueden usar para expresar sus pensamientos e ideas, sus sentimientos, sus deseos, sus oraciones, sus alegrías y aflicciones. Si están enojados, la usan para gritar palabras duras. Si están contentos, la usan para decir palabras dulces, en una voz baja y agradable. Quiero que usen su lengua sólo para su bien y el de los demás. Si hablan duramente a otro, él también habla alto y duro; las palabras de enojo causan más palabras de enojo. Pero si usan palabras suaves y dulces cuando otro está enojado con ustedes, se calmará, sentirá haber usado su lengua de esta manera. No griten, no hablen más de lo necesario, no hablen cuando no hay necesidad de hablar; si hablan a alguien o a algún grupo de amigos, levanten su voz hasta el nivel que sea el correcto para él o los escuchas y nada más. ¿Por qué malgastar su energía hablando más alto y más largo de lo necesario?

Nunca utilicen malas palabras contra otro. Esas palabras no deben salir de su lengua ni deben entrar al oído de los demás. Recuerden que Dios está dentro de su corazón así como en el corazón de todos los demás. El oye y ve todo siempre. ¿No dicen “mi cabeza, mis manos, mis ojos, mi mente, mi idea”? Veamos, ¿quién es este yo que posee el cuerpo, la mente, el cerebro? Ese yo es la chispa de Dios que está en ustedes. Esa chispa está en cada uno, así que cuando usan palabras duras, crueles, airadas o groseras contra otro, el Dios en ustedes y el Dios en la otra persona es lastimado.

La lengua es una herramienta, como he dicho. Pueden hacerse daño a sí mismos y a otros con ella, de modo que tengan mucho cuidado; úsenla sólo para su propio bien y el bien de otros. Si la usan para decir palabras bondadosas, para repetir el Nombre de Dios o cantar su gloria o rezarle, entonces le están dando el mejor uso.

Del mismo modo que un trozo de azúcar endulza cada gota en el vaso, la visión del amor hace a cada persona en el mundo amable y atractiva. Comiencen a servir amorosamente este día, en este momento. Cada acto los impulsará hacia el siguiente, pues la emoción que da es muy inspiradora.

“Dios es la personificación de la Dulzura. Alcáncenlo ofreciéndole a El, que reside en todos, la Dulzura de que los ha provisto. Trituren la caña en el molino del servicio, hiérvanla en el caldero de la penitencia, blanquéenla limpiándola de toda ansiedad sensual, y ofrézcanle a El, el azúcar cristalizado del amor compasivo”.

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