Educando Nuestro Interior 35

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Bondad.

Hay cuatro tipos de personas: los que ven únicamente lo bueno en todas partes; las que, menos espirituales en su visión, miran lo bueno como bueno y lo malo como malo; las que cierran los ojos a lo bueno y miran únicamente lo malo, y, finalmente, las peores de todas, las que aun lo bueno lo juzgan malo. Nos convertimos en lo que contemplamos.

Mediante el pensamiento constante, se imprime un ideal sobre nuestro corazón. Cuando todo el tiempo fijamos nuestros pensamientos sobre lo malo que otros hacen, nuestra mente se contamina con el mal.

Por el contrario, cuando fijamos nuestra mente sobre las virtudes y el bienestar de los demás, nuestra mente se libera de lo malo y sólo abriga buenos pensamientos.

Ningún mal pensamiento puede penetrar la mente de una persona totalmente entregada al amor y a la compasión. Los pensamientos en que nos recreamos forman nuestra naturaleza; no solamente afectan a los demás sino también a nosotros. Cuando se usa una lámpara de magnesio para tomar la foto de una persona, su cara se ilumina, pero también se ilumina, a cierto grado, la cara del fotógrafo. Cuando pasa el camión de la basura, ustedes se ven afectados por el mal olor aunque estén a cierta distancia. De igual manera, el pensamiento puede ser momentáneo, puede ser trivial; sin embargo, no se puede evitar su efecto sobre la mente.

Los antiguos sabios sabían esta importante verdad, por eso declararon: “El que conoce a Brahman, se vuelve Brahman”. La única forma de volverse Brahman es estando siempre inmerso en la contemplación de Brahman. Cuando se tiene un terrón de sal en la boca, ¿cómo puede uno saborear la dulzura de la miel o de las frutas? Con un pedazo de dulce en la lengua, ¿cómo se puede conocer el sabor de la sal y lo que es salado?

Sumerjan su mente en buenos pensamientos y el mundo será bueno para ustedes; empápenla de malos pensamientos y el mundo será malo. Así, recuerden sólo lo bueno, hagan, piensen y planeen sólo lo bueno, hablan sólo lo bueno y hagan solamente el bien; entonces, como consecuencia se aproximarán a Dios, la fuente de todo Bien.

Empiecen la práctica de la bondad con su madre y su padre, sírvanlos, complázcanlos, honren su memoria, vuélvanse merecedores de su gratitud. Expandan el amor y el servicio hasta abarcar dentro de su horizonte a todos los seres vivientes, pues todos somos altares del mismo Dios.

Deben trabar amistad con gente buena y seguir el ejemplo que ella da en su rutina diaria. Si, por el contrario, se pasan el tiempo en malas compañías, no estarán sino desperdiciando la vida. Toda la gente buena tiene la particularidad de que sus pensamientos son atractivos. Sus acciones son delicadas y sus ideas son buenas. La buena gente se puede reconocer por su pensar, sus palabras y sus obras delicadas. Aquí viene un pequeño ejemplo…

Si un pedazo de carbón negro se mantiene en la cercanía del fuego, también comenzará a arder. En esta analogía, el carbón negro es su ignorancia. El fuego llameante es la buena compañía. Al juntarse ambos, aquella porción de su ignorancia que esté expuesta a los efectos de la buena compañía será disipada. Pero si emplean la práctica espiritual como un abanico para activar el área de contacto, toda la región de la ignorancia se encenderá.

Por su parte, también habrán de desarrollar la práctica del amor, para hacerse queridos por la buena gente, porque no basta con que estén sólo cerca de ella. Lo necesario es estar cerca de este tipo de gente y serle grato a ella. La naturaleza de la mala gente es la de solazarse y disfrutar de las dificultades y problemas que le salen al paso a la buena gente.

Cuando ven a la buena gente realizando sus buenas obras y adquiriendo alguna fama por sus buenas acciones, la gente mala se pone celosa y trata de menoscabar a la gente buena difundiendo chismes. Este tipo de gente se esfuerza por ver sólo las malas cualidades en los demás, poniendo mil ojos en ello.

Dios es la fuente de todo amor, amen a Dios, amen al mundo como la vestidura de Dios, no más, no menos. Por medio del amor pueden fundirse en el océano del amor. El amor cura toda mezquindad, odio y aflicción. El amor afloja los lazos y salva al humano del tormento del nacimiento y la muerte.

El amor ata todos los corazones en una suave y sedosa armonía. Vistos a través de los ojos del amor, todos los seres son hermosos, todas las obras son buenas, todos los pensamientos son inocentes. El mundo entero es una sola familia.

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“El Señor es Amor, su forma es Amor, todos los seres son Amor, el Amor salva y sirve. Sólo del Amor puede surgir el bien. El Amor revela a Dios en todo”.

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