Educando Nuestro Interior 28

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Ecuanimidad mental.

Para el hombre la vida es agradable o no, dependiendo básicamente de su actitud hacia ella. Observen cómo el mismo objeto se torna placentero o desagradable, según la ocasión. Aquello a lo que se le daba la bienvenida con gran cariño en determinado momento, se vuelve odioso en otro, sin que siquiera exista el deseo de verlo. En tales ocasiones, el estado de nuestra mente es la causa de estas fluctuaciones.

Por lo tanto, es necesario entrenarla para mantenerla siempre en un estado plácido. Las aguas del río saltan desde las montañas, caen en los valles y corren por los desfiladeros; más adelante los tributarios se les unen en varios puntos, y ellas se tornan turbias y sucias. Así también, en el flujo de la vida humana la velocidad y el poder aumentan y disminuyen. Estos altos y bajos pueden darse en cualquier momento de la existencia. Nadie puede escapar de ellos, ya sea que se presenten al principio, al final o a la mitad de nuestra vida.

De modo que el hombre debe convencerse de que la vida está necesariamente llena de altos y bajos y que en vez de temerles y preocuparse por ellos, debe darles la bienvenida como enriquecedores de su experiencia. No solamente debe sentirlo así, sino que debe alegrarse y sentirse feliz en cualquier cosa que le sucede. Entonces, todas las dificultades, cualquiera que sea su naturaleza, pasarán rápidamente. Para esto, el temple de la mente es imprescindible.

Existen dos clases de individuos: un grupo es de los que se acusan a sí mismos de pecadores y el otro, los que se proclaman grandes. ¡Ambos no hacen más que preocuparse de sus propias aberraciones mentales! Lo que ambos necesitan es satisfacción mental, y ésta puede conseguirse por medio de la meditación porque, a través de ella, aumentará la comprensión y crecerá la sabiduría.

Para tal fin, el individuo deberá desarrollar el interés y el gusto por la meditación. Es decir, un anhelo que no admite ningún otro proceder y que no tolere ningún obstáculo. Por supuesto, uno puede anhelar oír música y sentir un gran placer con ello, o ver el cuerpo exánime de algún pariente cercano y entristecerse por ello. El anhelo puede, entonces, tener consecuencias placenteras o desagradables. El anhelo debe tener la potencia para inspirar la voluntad del esfuerzo; de hecho, el anhelo no es más que el esfuerzo latente; esforzarse en algo es el anhelo en acción. Cuando el anhelo es débil, el esfuerzo decae; uno es fuerte, el otro es activo. La meditación da concentración y éxito en todas las empresas.

Es precisamente a través de la meditación que algunas grandes personalidades y sabios han controlado sus actividades mentales, y las han dirigido hacia el sendero que practica la meditación con entrega, dedicando todos los actos a Dios; y se establecieron permanentemente en la contemplación del Señor, triunfando, finalmente, en lograr la unión con la Naturaleza Divina. Primero, el anhelo; después, la elección del objetivo; enseguida la concentración, y a través de la disciplina, la conquista de la mente. Tal es la meta de la meditación.

El hombre debe renunciar a sus ansias de comodidad material y al apego por los objetos de los sentidos. Debe descartar los falsos temores, los absurdos deseos, la congoja, las preocupaciones y los placeres artificiales que ahora llenan su mente. Es decir, él debe distinguir entre las cosas y prepararse para darse cuenta de que todo es tan ilusorio como el fantasma del pozo. Todos tenemos una necesidad de auto-educación. La patética condición en que se encuentran todos los hombres se debe a la ausencia de ésta. La meditación es el mejor remedio para tal estado de la mente.

A través de la meditación es posible traer a la memoria el paraíso que es nuestro reino, descartando como un sueño y engaño las creaciones transitorias de la mente. Al dedicarse sistemática y calmadamente a la práctica de la meditación, ésta se hará eficaz y tranquila. Así quedará trazada la ruta hacia la más elevada experiencia; así asistiremos al amanecer de una nueva comprensión, clara y serena.

Cuando alcanzamos las cumbres de la meditación, tal comprensión se vuelve tan fuerte, que nuestra propia naturaleza se destruye; se incendia hasta convertirse en cenizas. Después de esto, lo único que queda es TU. La creación entera es una ilusión de la mente de ustedes. Sólo el Uno ES. El Señor es Existencia, Conocimiento, y la más alta Bienaventuranza; es el Alma Suprema; es Dios, el Padre del Universo. Todo se convierte en UNO.

La Verdad es tan sutil y reconfortante. Una vez alcanzada, no hay meditación, no hay meditador, no hay objeto de meditación; todo se fusiona en el Uno. Tal es la experiencia real y luminosa. Jubiloso en su interior porque él es sabiduría pura, sólo el que ha alcanzado el Conocimiento Supremo será consciente de su Bienaventuranza Atmica. Esta es la meta, el fruto de la inmortalidad.

Al lograr esta experiencia trascendente, el yogui concluye su meditación, y, a partir de ese momento, ¡se mueve entre los hombres resplandeciente de divinidad! En él, la revelación divina de la Verdad Eterna se ve cumplida. Se transforma en un ser puro. La meditación y sólo la meditación tiene la capacidad de hacer que una persona trascienda las vicisitudes del tiempo y al espacio y convertirlo para siempre en un individuo ecuánime, como si él mismo fuese otro creador.

Una vez que el individuo está en camino hacia su meta, logrará contento de sí mismo, y descubrirá en su interior la fuente de la bienaventuranza. Los deseos y ambiciones, las ilusiones y las falsedades, las necesidades animales y las ridiculeces que preocupaban al individuo hasta ese momento, desaparecerán. Y así como el Alma todo lo satura con uniformidad y firmeza, el individuo también pierde su “yoidad” y se sumerge en su inherente estado divino.

Tal persona es un Mahatma real, él es un individuo que está liberado y realizado aun en vida. La totalidad es Bienaventuranza. Bienaventuranza es Paz. Aquellos que no renuncian al auto-examen continuo, reciben la gracia del Señor y avanzan hacia su liberación. Siempre estarán buscando la Verdad Eterna que descansa detrás de las ilusiones oníricas de este mundo.

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Centro Escuela Claridad

“Si todo el Universo es la mansión del Señor, ¿en dónde habremos de buscar una entrada a ella? Tañe las cuerdas de la vida al igual que si lo hicieras con las de un instrumento de cuerdas, hasta que broten lágrimas de alegría y de dicha. Las puertas de la mansión del Señor están siempre abiertas. Hay algo de irreal en pedir que estas puertas abiertas se abran para ti. Los interrogantes y las dudas no son sino el resultado de distorsiones de la mente”.

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3 Responses

  1. Chenso
    | Responder

    Gracias Gracias Gracias
    Bendiciones

  2. Gloria María Mejía
    | Responder

    gracias ,gracias , gracias , un abrazo inmenso desde mi corazon. Namaste

  3. Marcelo Acosta
    | Responder

    GRACIAS GRACIAS GRACIAS

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