Educando Nuestro Interior 15

educar-en-valores

Autoindagación.

Siglos de indagación han fracasado en descifrar el secreto: ¿De dónde se originó el cosmos? ¿Cómo emergió? Si hubiera tenido una causa personal, la investigación habría tenido éxito. El cosmos no es un objeto tal. Los interrogantes de ¿Cómo emergió? ¿De dónde se originó? Se pueden asimilar a los de la historia de la cuerda que en la penumbra parecía ser una serpiente: ¿Cómo apareció la “serpiente” en la “cuerda” y causó “terror”? Allí sólo existe la cuerda; la serpiente se le superpuso, debido a la penumbra del atardecer, por parte del intelecto defectuoso del observador, vale decir, debido a la ilusión creada por el razonamiento. En otras palabras, la ignorancia es la base de las falsas interpretaciones y los errores conceptuales.

Dios es la “cuerda”; el cosmos es la “serpiente” impuesta a la primera por la razón afectada por la ilusión. Concebimos a Dios como el cosmos; tomamos una cosa por otra mientras dure esta afección. Debido a ello, lo mejor es concluir que el cosmos es un objeto que se ha originado en nuestro propio intelecto y que emergió a partir de la misma facultad defectuosa. Un objeto nacido de tal ilusión engañosa y confirmado sólo por un intelecto enfermo, jamás podrá ser real. Cuando cesa el engaño de la ilusión, cuando la falta desparece, el cosmos así causado también se esfuma.

Cada uno debe reconocer este hecho respecto de sí mismo. La conclusión que se afirma en todos los textos y escrituras sagrados es que todo es Dios. Si, pasando esto por alto, el individuo sigue sosteniendo que es el “yo”, estará únicamente indicando que es un ignorante redomado.

serpiente-y-cuerdaPuede surgir la duda acerca de si es verdaderamente posible olvidarse uno mismo y creer que es otra cosa. Ya hemos visto que la aceptación de “verdad contaminada de falsedad”, es el signo de una persona ignorante. En la penumbra del atardecer, la falsedad se superpone a la Verdad; la serpiente se visualiza en la cuerda tirada en el camino. El engaño de la ilusión afecta a la conciencia y tuerce el intelecto, de modo que éstos olvidan su genuina naturaleza, que es bienaventuranza o dicha.

Ellos se imponen a sí mismos las limitaciones de la individualidad y se consideran como individuos. Acogen la creencia de que la felicidad es algo externo a ellos y se encuentran en el mundo físico y se enredan en la rueda de nacimientos y muerte; el móvil, cambiante e inquieto mundo. Sufren el doble golpe del destino y la fortuna. A estas personas, todos los textos sagrados, les enseñan a transformar sus vidas a través de un firme empeño para llegar a conocer el Alma.

Los monistas no se ocupan de probar que hay algo que se llama ignorancia. “No soy feliz; no tengo alegría”. “Quiero esto. Debo ganar eso”. Ansias de esta clase constituyen al individuo. Esta actitud es lo medular de la ignorancia. De modo que si buscan destruir la ignorancia que separa e idiotiza, debe cambiarse esta actitud y cultivarse la convicción de “Yo Soy la encarnación de la felicidad, Yo Soy el Uno que ha conocido el deseo”. La persona que mantiene la primera de estas actitudes es “el conocimiento individualizado”, y la que mantiene la segunda, posee la “sabiduría universalizada”.

Los textos sagrados surgieron para entregarle al hombre una advertencia respecto a esta ignorancia y para despertar en él el conocimiento que puede salvarlo de la miseria y el error. En verdad, nosotros somos la ignorancia en tanto sintamos que nos encontramos esclavizados. De hecho, no hemos sido creados, no estamos limitados, ni reducidos, ni atados. La arraigada creencia de que “hay un cosmos que me contiene a mí junto con otros similares buscadores de felicidad; en esa búsqueda encuentro alegría y pesar y me enfrento al nacer y al morir”, constituye la ignorancia fundamental.

“Nos convertimos en lo que son nuestros pensamientos”.

Los pensamientos respecto a la validez del mundo objetivo y el valor de los placeres que pueden obtenerse de él, pese a emanar desde el desconocimiento, nos configuran desde dentro. La razón por la cual estamos encerrados en este molde reside en la ausencia de cuatro requisitos:

  • la atención puesta en el logro “progreso espiritual”
  • una fe sin vacilaciones
  • la devoción, y
  • la gracia de Dios.

Con uno de ellos que falte, el hombre no podrá alcanzar la experiencia de la suprema beatitud del Absoluto.

Nuestra indagación no debería dirigirse hacia lo obvio y lo superficial. Una investigación así nos conduciría únicamente a creer en algo que no es el cosmos. Nos haría olvidar que es nuestra mente la que ha generado este panorama de proporciones cósmicas y que nos lo presenta como verdad.

“¿Quién es tu mujer? ¿Quién es tu hijo? ¿Qué cosa misteriosa es tu familia? ¿A quién perteneces? ¿De dónde has venido? ¡Querido Hermano! Has de saber que todo el conocimiento está contenido en las respuestas a estos interrogantes”.

Resulta realmente extraño que este inmenso cosmos dependa, en último término, de que “yo” lo reconozca o no como tal. “Si sientes que está allí, estará allí; si sientes que no está allí, no estará allí!”. Esto significa que debemos ahondar profundamente en este proceso de la mente del hombre. ¿Existe alguna ocasión en la que nuestra afirmación resulte en la existencia de una cosa y nuestra negación, en su desaparición? ¿O es que esta conclusión es obra de la imaginación?

Una indagación por este camino, revelaría, indudablemente, la verdad. Cuando se ve la cuerda en la oscuridad, ya sea por equivocación o por ignorancia surge la serpiente y aparece en su lugar, desplazando la verdad de la cuerda. Y, por alguna razón, cuando se sabe la verdad y el observador siente: “no es una serpiente, no es más que una cuerda”, la serpiente desaparece, porque no era más que una “falsedad”.

Vemos, entonces, que el sentir o el pensar son capaces de crear la serpiente y también de destruirla. La afirmación crea, la negación destruye. Ambas son procesos mentales que pueden clasificarse como “pensamientos”.

Aunque existan diversos niveles y grados, todos éstos no son más que pensamientos. ¿De dónde emergen estos pensamientos? ¿Son libres para surgir espontáneamente? La respuesta para estos interrogantes es: “Nuestro intelecto sigue la huella de nuestras actividades”.

El motivo primordial para la acción es el “debo alcanzar la felicidad y la armonía”. Este impulso surge del ignorante supuesto de que el mundo es real.

Como complemento al conocimiento adquirido de los textos sagrados, uno debe lograr sabiduría a través de la experiencia. Resulta fútil el conocimiento sin experiencia personal. La sabiduría que guardamos dentro de nosotros, de nada servirá si es estática, en ese caso no asumirá sino la forma de mera ilustración. Si este saber se lleva al ámbito de la práctica, se hace loable.

La mera adquisición de conocimiento es un ejercicio vano. El conocimiento llega a ser bendito cuando se traduce en acciones que promueven el bien de la humanidad. Esta derivación del conocimiento en experiencia sólo es posible cuando uno pasa por las tres etapas de “saber”, “visualizar” y “penetrar”.

1) En primer término uno debe enterarse de las preciosas verdades que contienen los textos sagrados de los veteranos en este campo. Cuando se sabe de ellos, es natural que uno se interese en ellos. Luego desarrollan un anhelo por visualizar esas verdades a toda costa. Esto constituye la primera etapa, “el saber”.

2) En la segunda etapa se dedican a revisar, examinar y recopilar cuidadosamente todos estos textos sagrados, en todas partes en que los encuentren disponibles. Los leen y los visualizan directamente. Con la mayor perseverancia los investigan, los comprenden y los disfrutan. De este modo pueden lograr algo de satisfacción al haber discernido algunas verdades profundas. Esta es la segunda etapa, la de “la visualización”.

3) No basta con que realicen progresos en las dos primeras etapas. Deben experimentar lo que han llegado a saber y a ver. Al penetrar en el campo de la experiencia, uno debe sentir una completa identificación con el Ideal. Si uno se acuesta después de haber ingerido alimentos, ello puede ser causa de indigestión. En cambio, si consume la cantidad de alimento requerida y realiza después algún ejercicio físico, éste será digerido y, convertido en sangre, proporcionará nutrientes. De igual manera deberíamos traducir en experiencia y acción lo que hemos llegado a saber y a ver, asimilándolo y utilizándolo para el progreso de nuestro país y también para beneficio de la humanidad.

educar_valores

Donaciones Amorosas

$

Ingresa libremente el monto en dólares a donar!

Información personal

Total de la donación: $3.00

Si te ha gustado la Publicación: ¡INViTANOS A UN CAFÉ!

Centro Escuela Claridad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *