¿Qué hacer con lo que está ocurriendo?

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Uno de los grandes dilemas que enfrentamos en estos tiempos de cambio dramático es la paradoja de en qué confiar y qué rechazar respecto al cambio social. Muchos videntes, sabios, profetas y asesores espirituales afirman que estamos atravesando tiempos de transformación profunda, profetizados desde hace mucho tiempo, y que en lugar de resistir estos cambios, es mejor fluir con ellos y navegar lo que venga.

Por ejemplo, adaptarse al cambio climático es un buen paso, ya que muchos de estos cambios son inevitables, y no necesariamente podemos evitarlos o detener su rápido avance con intentos tecnológicos fallidos como la reducción de gases de efecto invernadero.

Pero, ¿qué sucede con los cambios dramáticos provocados por figuras políticas con fines dudosos y egoístas? ¿Debemos combatirlos, o simplemente adaptarnos, aunque nos estén arrastrando hacia una oligarquía, regímenes autoritarios, la destrucción de la democracia, el resurgimiento del fascismo y un retroceso brutal en términos de misoginia, racismo, e incluso una posible esclavitud ante tecnologías de inteligencia artificial? Esta incertidumbre tiene a muchas almas maduras y antiguas rascándose la cabeza y sin poder dormir por las noches.

En última instancia, esto nos lleva a la antigua pregunta: ¿tenemos libre albedrío para cambiar nuestra realidad, o no? Por un lado, está la frase “lo que será, será”; por otro, “creamos nuestra propia realidad”. Al menos, así parecen plantearse las cosas. En esta existencia del plano físico, siempre terminamos atrapados en algún tipo de dualismo: esto o aquello, arriba o abajo. Como de costumbre, quizás ambas ideas contienen algo de verdad.

“Así como es, está bien” es una clásica visión taoísta o zen, que sugiere que solo existe lo que es, y que al final del día, repensar, analizar o tratar de resolver las cosas nos saca del momento presente y nos conduce al sufrimiento. Siempre podemos estar en gozo si reconocemos que todas las apariencias son ilusorias, y que simplemente “ser”, estar en existencia, ya está en alineación con el Espíritu. Y eso no puede ser otra cosa que perfecto.

Pero siempre existe el peligro de que, debido a una programación implacable, caigamos en la amnesia o el olvido momentáneo, y terminemos resignándonos en lugar de alegrándonos… y ahí sí, estamos en un buen lío. De hecho, eso nos ocurre a la mayoría varias veces al día. Si no vemos al Espíritu Creador en todo en forma permanente, siempre nos sentiremos separados, y eso es una receta segura para el sufrimiento.

En cambio, si somos realmente conscientes en todo momento de que el Espíritu está en todo, de que todo es divino, entonces podemos ver más allá de las apariencias hacia la Verdad: todo es Uno, o dicho de otro modo, todo es perfección. Eso, claro, es un desafío enorme. “Si quieres estar en ese estado permanente de ver al Espíritu en todo, tendrás que dominar la cadena interminable de pensamientos que hacen que el cerebro se deslice de un lado al otro”. No es tan fácil, y estoy de acuerdo.

Nuestra amnesia es una adicción que fue programada en nuestro ADN hace decenas de miles de años, cuando por primera vez nos volvimos seres sintientes. Sin esa amnesia, no habría juego de escondidas con el Espíritu, y no habría motivo para el juego que estamos jugando: pretender que somos seres separados, individuales, en un universo aleatorio, conscientes gracias a una serie de químicos que, por casualidad, generaron algún tipo de auto-conciencia. Ups. Esa oración fue un poco larga, pero resume todo el juego.

Entonces, ¿cuál es la solución a este dilema? Bueno, aquí hay una buena noticia, si estás dispuesto a creerla:

Al mismo tiempo que programamos nuestra amnesia en el ADN, le pusimos una fecha de vencimiento.

Y ahora podrías preguntar: “¿Quiénes son ‘nosotros’?”. Una pregunta válida.

“Nosotros” es la conciencia misma.

La amnesia de que somos la conciencia misma nunca estuvo destinada a ser permanente. Fue diseñada para expirar en el momento en que estuviéramos listos.

Eso, por supuesto, plantea más preguntas: ¿Qué significa estar listos?, ¿por qué ahora?, ¿están todos listos o solo algunos humanos?… Son muchas cuestiones para responder aquí, así que dejemos que los oráculos digan que este es el momento.

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Y respecto a quiénes están listos, digamos simplemente que hay suficientes personas listas como para que el “programa del mono número cien” esté en funcionamiento. Es decir, hay suficientes almas preparadas como para cambiar el paradigma: de la amnesia al recuerdo.

Ahora pueden surgir dos preguntas muy válidas:

¿Por qué tengo que presenciar todo esto si ya no me comporto de esa manera? ¿Acaso no soy ahora un adulto y una buena persona?

¿Y cómo detenemos a quienes parecen haberse descontrolado por completo y manipulado el sistema de tal forma que el resto de nosotros nos sentimos impotentes?

Estas dos preguntas son completamente legítimas.

La primera sugiere que no somos esos niños que se portan mal, y que no es justo tener que soportar este comportamiento terrible y pagar con nuestro propio sufrimiento. Pero esta forma de pensar es equivocada, y precisamente es parte de lo que vinimos a aprender:

Todos somos Uno. Somos la raza humana en su totalidad.

Es una ilusión creer que estamos viendo las cosas desde puntos de vista separados e individuales.

Pensemos en una analogía: consideramos que nuestro cuerpo es “nosotros”, pero en todo momento tenemos células maduras y saludables funcionando, otras muriendo, otras naciendo. Somos todo eso, todo el tiempo.

No podemos decir: “Yo soy solo las células sanas y maduras. Las demás no me representan. No debería tener que mirar lo que hacen esas células enfermas”. Eso sería ridículo.

Entonces sí, tenemos que observar lo que hemos sido: racistas, misóginos, crueles, fascistas… lo que sea. Porque todos hemos sido esas cosas, de una forma u otra, en algún momento o lugar (o vida anterior).

Ahora viene la pregunta más difícil:

¿Cómo los detenemos para que no nos arrastren a todos hacia el abismo?

Aquí va la verdad: no podemos “detenerlos” en el sentido tradicional.

No es algo que se resuelva haciendo tanto como siendo.

Recuerda que la amnesia tiene fecha de vencimiento. Está llegando un tiempo en que cada vez más personas comienzan a recordar que todo es divino, todo el tiempo, eternamente.

Aun así, intentar atravesar esto solos es una tarea casi imposible. Fallarás una y otra vez, caerás en el miedo, en el asco, en la desesperanza de pensar que no podemos hacer nada.

Pero si todo es Uno, entonces el universo está lleno de ayuda.

Ayuda que se manifiesta como guías espirituales, aliados, sabios, santos, tótems, animales de poder, maestros… como queramos llamarlos.

Están esperando. Siempre lo han estado. Solo necesitan que les pidamos ayuda, porque así es como funciona este proceso:

  1) Pide ayuda para recordar quién eres y qué eres, tanto como seas capaz.

  2) Pide ayuda para ver que todo lo que te rodea es Espíritu.

  3) Que todo está bien, incluso si no lo parece.

Así, ese pequeño y simple tú se une a un poderoso ejército de seres conscientes que trabajan por corregir las cosas. No a través de máquinas, protestas o invasiones, sino simplemente recordando la Verdad, alineando tu voluntad con la Voluntad del Espíritu: que todo se pondrá en orden, incluso si ahora parece confuso o doloroso, como una herida que forma costra.

No importa cómo se vea hoy. Tú sigue el camino.

Persiste. Confía en el poder del Espíritu, porque fuera del tiempo, eso que deseas… ya ocurrió.

Luego, sigue tu intuición:

Haz lo que tu alma te inspire sin esfuerzo.

Tal vez escribas a un congresista, firmes una petición, marches, o simplemente converses desde el corazón.

Todo suma.

Y por último, recuerda el poder de las preguntas “¿Y si…?”.

  • ¿Y si ocurrieran hechos que hicieran imposible reprimir la libertad?
  • ¿Y si descubrimientos asombrosos cambiaran el rumbo del mundo?
  • ¿Y si eso acabara con las oligarquías, la violencia, la opresión?
  • ¿Y si todo esto sucediera con el menor sufrimiento posible?

Recuerda esto: preguntar activa una respuesta en el campo cuántico.

Estas acciones tienen un impacto mucho mayor cuando provienen de un lugar neutro de confianza, no desde la lucha o la desesperanza.

En otras palabras, deja de lado la lucha y la desesperanza y adopta un enfoque sin esfuerzo y con confianza, y tendrás un impacto mucho más poderoso en el rumbo de las cosas.

No estás solo. Tienes poder. Tienes aliados en lugares elevados. Los chamanes lo saben: sin sus aliados, no podrían hacer nada. Sigue su ejemplo y ponte en marcha. Y nunca olvides:

No es lo que ves, sino “cómo” lo ves, lo que importa.

¡Que tengas un buen viaje!

Nota. La Escuela del Camino del Poder Chamánico. Artículo de José Stevens, mayo de 2025. Traducción, Edición y Difusión: Juan Angel Moliterni (www.escuelaclaridad.com.ar). Se autoriza la redistribución de este boletín e información personalmente y vía Internet con la condición de que el contenido permanezca intacto, de que se respeten los créditos del servicio, los autores, los editores y se mencionen la fuente y enlaces correspondientes. Gracias por colaborar en hacer que estas ideas (link) lleguen a la atención de un público más amplio.

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Siguiendo Juan A. Moliterni:

Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Canalizador, Reiki Ascensional Claridad, Ciencia Astrológica, Músico Arteosofia.

La Hermandad Blanca Universal, la jerarquía espiritual de Maestros Ascendidos, transfiere una antorcha, una Luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la Síntesis de oriente y occidente, de los Valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del Cosmos. Te invitamos a participar!

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