
Kryon enseña que la relación entre el ser humano y los alimentos está entrando en una nueva comprensión. Durante mucho tiempo, la humanidad observó la nutrición desde una perspectiva lineal: el cuerpo por un lado, la comida por otro, y una lista universal de reglas aplicables para todos.
Sin embargo, la consciencia cambia esa ecuación.
Según Kryon, no existe un único alimento perfecto para toda la humanidad. Cada ser posee una biología distinta, una herencia ancestral única y una consciencia capaz de reconocer aquello que realmente nutre su cuerpo.
La verdadera pregunta no sería entonces: “¿Cuál es la mejor comida?”. Sino: “¿Cuál es la mejor comida para mí?”.
La consciencia humana -y especialmente el Innato, la inteligencia corporal- ya conoce esa respuesta.
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El cuerpo sabe
Kryon explica que el cuerpo constantemente envía señales. Muchas personas ya perciben que ciertos alimentos les generan bienestar y otros desequilibrios. A veces no es el alimento en sí mismo, sino los químicos, aditivos o procesos modernos presentes en él.
Por eso, aprender a escuchar al cuerpo se vuelve esencial. Antes de comer, puede surgir una nueva práctica interior: observar el alimento, sentir la reacción del cuerpo, permitir que la intuición participe.
La nueva energía favorece justamente ese despertar intuitivo.
Kryon sugiere que muchas veces los hábitos culturales limitan la nutrición. Hay alimentos que el cuerpo podría necesitar, pero que fueron rechazados simplemente porque la cultura nunca los incorporó o porque el hábito los descartó.
La consciencia permite abrir nuevas posibilidades.
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La intuición alimentaria
La intuición nutricional es real. El cuerpo puede reconocer aquello que le pertenece y aquello que no armoniza con su energía. Cuando una persona empieza a escuchar su organismo con mayor atención, puede notar cambios concretos: disminución de molestias digestivas, reducción de migrañas, alivio de inflamaciones, mayor sensación de equilibrio.
El cuerpo coopera cuando es escuchado.
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La antigua ciencia de bendecir los alimentos
Kryon revela además un significado mucho más profundo detrás de la antigua costumbre de bendecir la comida. No se trataba originalmente de un acto religioso. Era una tecnología de consciencia.
Los antiguos chamanes comprendían que la consciencia humana podía interactuar con la materia. Antes de comer, observaban el alimento y declaraban internamente que toda toxicidad fuera neutralizada para su sistema.
No estaban “bendiciendo” la comida en el sentido moderno. Estaban modificando energéticamente su relación con ella. La intención consciente actuaba como un puente entre el cuerpo y la materia.
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Neutralizar la toxicidad
Kryon enseña que la consciencia humana posee una capacidad mucho mayor de la que la sociedad moderna reconoce. Por eso propone una intención simple antes de comer: “Que nada en este alimento sea dañino para mi cuerpo.
Querido Espíritu, Querido Innato: que nada pase aquí que sea dañoso para mí. Con esto, yo neutralizo toda toxicidad en esta comida”.
Desde esta perspectiva, la consciencia puede influir sobre cómo el organismo recibe, interpreta y procesa aquello que ingiere. La energía de la intención amorosa, alineada con el cuerpo, participa activamente en la experiencia física.
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La magnificencia humana
Estas capacidades no son fantasía ni privilegio de unos pocos. Son parte de la magnificencia natural del ser humano. La nueva energía invita a recordar que la consciencia puede interactuar con la realidad física de maneras que las antiguas culturas ya intuían.
El alimento es apenas un ejemplo.
Escuchar al cuerpo (el Innato), confiar en la intuición y reconocer el poder de la consciencia forman parte de un cambio profundo en la relación entre el ser humano y la vida misma.
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