
Muchísimas personas están profundamente preocupadas por los acontecimientos actuales en el mundo: la crisis de gobernanza en Estados Unidos, el belicismo y los gestos amenazantes de tiranos y dictadores en distintas partes del planeta, el rechazo a la inmigración en muchas naciones, el ascenso del extremismo en Alemania, Italia, Hungría, Polonia y Estados Unidos, el genocidio en Gaza, la invasión de Ucrania, los horrores en Etiopía y Nigeria, el enorme tráfico de drogas, la extrema polarización de los recursos y el dominio del 1%, y así sucesivamente. Existe una sensación generalizada de agobio e impotencia frente a estos enormes acontecimientos que hoy parecen estar en todas partes.
¿Cómo podemos evitar que estos hechos sigan su curso? ¿Cómo podemos reparar el daño? ¿Cómo podemos eliminar a los individuos responsables de todos estos desastres y detenerlos para que no sigan creando más?
Estas son preguntas comprensibles y honorables que se hacen millones de personas. Y si miramos la historia, vemos que estas mismas preguntas se han formulado una y otra vez a lo largo de los siglos, porque todo esto ha ocurrido repetidamente en este planeta durante lo que parece ser un período muy prolongado.
La respuesta no es necesariamente reconfortante para la personalidad ego/mente/cuerpo. No hay forma de arreglar todo esto.
“Pero… pero… pero, ¿cómo puedes decir algo así?”, podrías preguntar. “Eso es muy negativo”.
Pues no. No es negativo. Simplemente es diferente de lo que quizá pensabas.
Piénsalo un momento. ¿Alguna vez has intentado “arreglar” a alguien como tu novio, novia, esposo, esposa, hija, hijo, amigo, jefe, etc.? ¡Buena suerte! No es posible arreglar a nadie. Si alguien pide sanación, quizá podamos acompañarlo y apoyarlo en su proceso de sanación. Eso es distinto de intentar arreglarlo.
Si miramos la historia, ¿ha sido posible arreglar alguno de estos problemas mundiales? ¿Alguna vez ir a la guerra solucionó algo de manera permanente? ¿Lanzar enormes cantidades de dinero sobre un problema lo resolvió?
No. De hecho, muchas veces solo lo empeora. Es inútil. La mayoría de las veces, aquello a lo que nos resistimos simplemente se agota y se transforma en otra cosa que trae nuevos problemas por resolver.
¿Realmente han desaparecido los nazis? ¿Han dejado de existir los tiranos? ¿El tráfico de drogas se extinguió porque le declaramos la guerra? ¿Los abusadores desaparecieron como los látigos para caballos?
No, no, no y no.
El mundo tiene problemas. Siempre los tendrá. Mientras haya cuerpos, habrá dolor, incomodidades y quizás sufrimiento debido a ciertas condiciones físicas. Esa es la naturaleza del universo físico. Mientras exista una sensación de separación, existirán problemas.
Veamos esto con más detenimiento. Creamos sufrimiento porque, de manera casi natural, resistimos la incomodidad y buscamos sentirnos mejor, tener una experiencia más agradable. Por ejemplo, piensa en lo que sucede cuando recibes lo que consideras una mala noticia: no fuiste aceptado en el programa que querías; tu amigo tuvo un accidente y murió o está hospitalizado; tus buenos amigos se están divorciando o perdieron un embarazo. ¿Qué es lo primero que dices?
“¡Oh no!”.
Si te gusta la Publicación, dale clic al café: ¡INVÍTANOS A UN CAFÉ! (pesos ARG)
Esa es una resistencia automática a lo que es. “No, no quiero escuchar esto. No quiero que sea verdad. Tal vez haya un error. No puede ser así”.
No queremos sentir la pérdida ni el dolor que nuestro amigo puede estar atravesando. Queremos cambiar la realidad o cambiar cómo nos sentimos. Entonces recurrimos a una bebida fuerte, una pastilla, un porro, o vemos una película para distraernos del dolor. Esa resistencia, a largo plazo, hace la vida más difícil, no más fácil. Esto mismo es lo que hacemos cuando escuchamos otra historia horrible sobre lo que hizo tal o cual presidente, zar, o sobre quién fue bombardeado, atacado o destruido.
Al resistir, prolongamos aquello que odiamos sentir, prolongamos lo que odiamos ver u oír, y reforzamos el comportamiento de aquellos a quienes odiamos y de quienes deseamos vengarnos. La resistencia los vuelve peores.
¿Cómo puede ser esto?
Parece que a quienes odiamos o queremos detener no les importa lo que pensamos o sentimos. Pero la realidad más profunda es que todos somos uno, y a ese nivel ellos sí sienten el ataque de manera subliminal, lo que endurece la determinación de su ego de salirse con la suya.
La neutralidad, la compasión, la comprensión y la amabilidad, en cambio, los desarman en niveles muy sutiles, y una cantidad suficiente de estas cualidades puede modificar su comportamiento de manera beneficiosa. Al final del día, no importa demasiado: de todos modos cambiarán su conducta cuando aprendan lo que necesitan aprender. Todos hemos actuado mal en algún momento. El castigo nunca nos enseñó nada, salvo a rebelarnos.
La experiencia y las consecuencias que nosotros mismos generamos son las que nos enseñan. Siempre es así. Si somos amados, aprendemos más rápido. Si somos odiados y aprendemos a odiarnos a nosotros mismos, aprendemos más lento, pero igual aprendemos.
Para comprender todo esto, necesitamos preguntarnos: ¿Para qué existe el universo físico?
Si bien hay muchas respuestas posibles, la que los grandes maestros espirituales repiten con mayor frecuencia es que existe para aprender. Comenzamos como un solo ser creador, fingimos estar separados para poder experimentar la dualidad, y luego redescubrimos que somos uno. Ese es el viaje circular del ser humano.
¿Para qué?
Porque nos brinda una experiencia fascinante, un viaje simulado y una culminación gozosa garantizada. En realidad, nunca fuimos a ningún lado, porque nunca nos fuimos. No había a dónde ir. Esta es la historia metafórica de Dorothy en “El mago de Oz”, un relato profundo de nuestra condición humana. Hacer chasquear los talones nos permite regresar en cualquier momento. Hacer chasquear los talones es simplemente recordar que no estamos separados.
Entonces, ¿qué hay de los grandes ciclos de marea que ocurren periódicamente?
Según los mayas, los antiguos toltecas y los hindúes, existen grandes ciclos en los que los seres humanos atravesamos Eras de oscuridad, dificultad y confusión, y Eras de luz, despertar y gran conciencia. Estos ciclos están relacionados con el movimiento de nuestro sistema solar mientras viaja alrededor de la galaxia, oscilando hacia arriba y hacia abajo en uno de los brazos de nuestra Vía Láctea.
Cuando nuestro sistema solar asciende por encima de la línea del horizonte galáctico, entramos en una Era de luz; y cuando desciende por debajo de esa línea, entramos en una Era de oscuridad y confusión. Acabamos de elevarnos por encima del horizonte en un movimiento ascendente, lo cual indica que estamos ingresando en una Era de claridad y comprensión.
Así que, nos guste o no, nos dirigimos hacia arriba, y el sufrimiento intenso y la atrocidad ya no serán sostenibles por mucho tiempo. En este momento estamos experimentando una intensificación de las sombras acumuladas durante la última parte del ciclo oscuro, en una especie de explosión final mientras son liberadas, no muy distinto a un absceso lleno de pus que necesita ser drenado.
Cientos de millones de personas van a despertar durante este período. ¿Seguirá habiendo sufrimiento? Por supuesto. Estamos hablando del plano físico. Pero se reducirá en gran medida.
¿Tienes que hacer algo para que esto ocurra? No realmente. Simplemente vive tu vida y sucederá a su debido tiempo. No, no tienes que ganártelo ni demostrar que eres digno de ello. Tú eres Espíritu. Por supuesto que eres digno. Ese es el sentido de la parábola del hijo pródigo.
En realidad, nunca te fuiste a ningún lado. ¿El mago de Oz, alguien? Todo está perdonado. Es solo una historia, una narrativa. Nosotros no somos la noticia en la pantalla del teléfono inteligente; somos la pantalla misma, totalmente inocente del contenido siempre cambiante.
Entonces, nuevamente podrías preguntar: “¿Qué podemos hacer para ayudar?”.
No mucho desde el punto de vista de nuestra personalidad cuerpo-mente. Eso es inútil y, en última instancia, desesperanzador. La frustración de sentirse bloqueado en cada paso es extremadamente desagradable. La única solución es abandonar a la falsa personalidad como el lugar que llamamos hogar, como nuestra identidad principal, y transferir nuestra lealtad al Espíritu Creador que vive en nosotros, algo imposible de comprender o captar por completo.
“¿Qué? ¿Estás sugiriendo que renuncie al poco control que tengo y confíe en algo imposible de conocer y que no puede ser registrado ni medido por ningún dispositivo?”.
Sí, me temo que sí. Pero en realidad no lo digo yo. Solo transmito esto apoyándome en los hombros de gigantes: los grandes Maestros espirituales. Eso es lo que siempre dicen: “Suelta y deja a Dios”.
¿Y qué hay del viejo dicho que afirma que Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos?
Bueno, eso no es del todo exacto. Dios ayuda a todos, porque Dios está en todos. Sí, incluso en la persona que más odias. Incluso en la persona más dormida, cruel, desagradable, egoísta y narcisista del planeta, sin excepciones.
¡Vaya, qué poco agradable suena eso! Bueno, deja de serlo cuando entiendes mejor el juego.
Cada persona tiene al Espíritu Creador en su interior. Así que, cuando vemos a alguien como un verdadero imbécil, se vuelve más imbécil. Cuando pasamos por alto el disfraz y vemos al Espíritu Creador en él, esa persona empieza a manifestar más esa cualidad. Tal vez no tan rápido como nos gustaría, pero hace una diferencia profunda cuando muchas personas se unen para hacerlo. Y eso es lo que está empezando a suceder en todo el mundo.
Así que, en el nivel de octava inferior, poco o nada podemos hacer para cambiar las cosas. El mundo simplemente sigue su curso y nosotros somos arrastrados por sus expresiones. En la octava superior, no nos distraen nuestras narrativas ni nuestras historias, y podemos alinearnos con el verdadero poder del Creador que vive en nosotros.
Normalmente, tú y yo no podemos hacer nada para cambiar realmente algo. Podemos sentirnos un poco mejor intentando ser buenos y serviciales, pero al final del día eso es estéril. Si nos alineamos con el Espíritu Creador en nosotros, entonces todo es posible. En ese caso, no son nuestros pequeños “yoes” los que logran algo verdaderamente importante; es Todo Lo Que Es obrando a través de nosotros, expresándose de maneras nuevas y extraordinarias.
Nosotros, la raza humana, estamos ahora al borde de hacer esto real, de darnos cuenta de ello. No existe una fórmula para que esto suceda. Simplemente tenemos que confiar en que es posible, en que de algún modo estamos listos, y seguir con nuestra vida.
¿Quiénes somos realmente ese “nosotros”?
Pues Todo Lo Que Es fluyendo a través de la humanidad es ese “nosotros”. Ciertamente no este cuerpo envasado al vacío con una etiqueta con nombre y recuerdos de un pasado virtual. Eso no somos “nosotros”; eso es un “yo” alucinado, y no es más poderoso que un personaje de caricatura.
Así que la única solución es simplemente ser tú mismo y disfrutar del viaje. Tú mismo eres una gota de Todo Lo Que Es. Si no te resistes a lo que parece estar ocurriendo y lo ves tal como es -una caricatura con una sensación muy real- puedes volverte más neutral e incluso reírte un poco. Y cuando te ríes, estás en tu punto de mayor poder.
Estás en camino de darte cuenta de que, en realidad, no está ocurriendo nada. Cuando comprendes que no hay a dónde ir, accedes a Todo Lo Que Es, pero no antes. Mientras sigas creyendo que lo que parece estar ocurriendo es real y que hay algún lugar al que debas llegar, te quedas sin energía.
Difícil de creer, ¿no es así?
…
…
…
Nota. La Escuela del Camino del Poder Chamánico. Artículo de José Stevens, 20 de enero de 2026. Traducción, Edición y Difusión: Juan Angel Moliterni (www.escuelaclaridad.com.ar). Se autoriza la redistribución de este boletín e información personalmente y vía Internet con la condición de que el contenido permanezca intacto, de que se respeten los créditos del servicio, los autores, los editores y se mencionen la fuente y enlaces correspondientes. Gracias por colaborar en hacer que estas ideas (link) lleguen a la atención de un público más amplio.
…




Deja una respuesta