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El desafío de discernir lo real en un mundo cambiante

Vivimos una época en la que la pregunta “¿qué es real?” dejó de ser filosófica para convertirse en una necesidad cotidiana.

Kryon describe un doble desconcierto: por un lado, el cambio interno de quienes sienten que la realidad espiritual y energética se está desplazando, y por otro, el bombardeo externo de una tecnología capaz de imitar cualquier cosa -rostros, voces, incluso seres ya fallecidos- al punto de confundir la percepción misma de la verdad.

Esta confusión no es un error del camino, sino una señal del Cambio. La humanidad está cruzando un umbral donde la verdad ya no podrá determinarse desde afuera, sino desde el centro interior. Lo que antes se validaba por autoridad, información o apariencia, ahora exige una nueva sensibilidad: el discernimiento energético.

El alma antigua se encuentra en medio de este torbellino sensorial y simbólico. Siente que el mundo que conocía se desarma, que las estructuras del pensamiento y las prácticas espirituales parecen haber cambiado de frecuencia. Sin embargo, este desconcierto es también una invitación: volver a confiar en la brújula del corazón.

Kryon no da una advertencia de caos, sino una instrucción de alineación. En el ruido de lo virtual, el alma aprende a reconocer la vibración auténtica, esa que trae paz, coherencia y presencia. El discernimiento se convierte entonces en el nuevo órgano espiritual, la capacidad de sentir si algo proviene del Campo de la Verdad o de la ilusión colectiva.

En este contexto, “el desafío de discernir lo real” no es una prueba moral ni intelectual: es una escuela de consciencia. A través de la confusión, la humanidad está siendo entrenada para escuchar sin ruido, ver sin engaño y responder desde el alma, no desde el miedo. En ese punto silencioso -el ojo del huracán- nace la certeza interior que ninguna simulación puede imitar.

Kryon revela que el discernimiento se ha convertido en una de las facultades más preciosas de esta Era. No se trata de una habilidad mental, sino de un sentido espiritual que surge a medida que el velo interno se levanta. El alma antigua, que ha transitado múltiples encarnaciones y caminos de aprendizaje, ahora posee una sensibilidad más aguda para Sentir la verdad detrás de las apariencias.

En esta etapa del Cambio, el discernimiento es la herramienta que libera al ser humano del viejo hábito de seguir autoridades externas. Kryon invita a confiar en la percepción directa: cuando un mensaje o enseñanza conduce al temor, la desolación o la impotencia, no proviene del Campo. El verdadero conocimiento espiritual eleva, expande y ofrece coherencia.

Cambio de la relación entre el ser humano y el Creador

Kryon subraya que Dios no cambia -la energía creadora es eterna, constante-, pero la relación del ser humano con esa divinidad sí puede transformarse. El punto crucial no es que el Creador modifique sus leyes, sino que el ser humano eleve su percepción de ellas. Al hacerlo, cambia su manera de conectar con lo divino: deja atrás la visión de un Dios distante, juzgador, y reconoce la presencia sagrada dentro de sí.

A medida que la consciencia se expande, el velo entre el ser humano y el Creador se vuelve más delgado. Lo sagrado deja de ser un concepto y se convierte en un estado natural del ser. Ese cambio de relación -de súbdito a compañero, de creyente a co-creador- es el fundamento sobre el cual se eleva la nueva humanidad.

Kryon plantea una pregunta: ¿es posible cambiar la naturaleza humana? Su respuesta es sí, pero no mediante la imposición externa ni el esfuerzo moral, sino a través del despertar de la consciencia.

La naturaleza humana, tal como la hemos conocido durante siglos, ha estado marcada por la supervivencia, el miedo, la competencia y la repetición del conflicto. Esa vieja energía, que moldeó la historia, comienza a disolverse cuando el ser humano recuerda su naturaleza divina.

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La sensibilidad extrema como sendero Iniciático

Hay quienes nacen con la piel del alma más fina. No es debilidad ni error: es una arquitectura espiritual específica. La hipersensibilidad convierte cada vibración del entorno en un acontecimiento interior. El dolor ajeno se vuelve un eco propio; las noticias, las guerras, los conflictos, perforan la armadura emocional con una facilidad que otros no comprenden.

Este tipo de sensibilidad puede sentirse como una carga, porque expone al alma a una intensidad constante. El mundo actual -cargado de urgencias, pérdidas y tensiones colectivas- golpea con fuerza en quienes poseen esta percepción expandida. Para ellos, cada humanidad herida se vuelve un llamado que resuena en el pecho.

Sin embargo, esta sensibilidad no es un castigo. Es el síntoma inequívoco de un alma antigua que ha regresado con la memoria despierta y el corazón sin filtros. Lo que pesa no es la sensibilidad en sí, sino la falta de una estructura para sostenerla. Allí es donde el don parece maldición: cuando no se sabe cómo canalizar la avalancha emocional que llega sin aviso.

La transmutación del sentir: de carga a acción compasiva

El verdadero giro inicia cuando el ser deja de “absorber” y comienza a “emitir”. La empatía desbordada -que paraliza, agota o duele- tiene el potencial de transformarse en una corriente activa de luz. Es un cambio de postura interior: de cargar con el sufrimiento del otro a sostenerlo desde la claridad.

La acción compasiva no es sentimentalismo. Es energía en movimiento. Implica tomar esa sensibilidad tan aguda y re-configurarla en propósito:

– en vez de hundirse con quien sufre, acompañar desde la vibración elevada;

– en vez de cerrar el corazón para no sentir, abrirlo con consciencia dirigida;

– en vez de quedar atrapado en la pena, enviar luz, firme como una antorcha que no se extingue.

La sensibilidad se vuelve herramienta cuando se orienta.

El alma deja de apagarse y se vuelve un canal. Ya no se confunde con el dolor del otro: lo reconoce, lo honra y actúa como un puente hacia un campo más amplio, más luminoso.

Allí nace la verdadera maestría del sensitivo: usar su percepción profunda no para perderse en el dolor, sino para recordar que toda sombra puede ser abrazada sin que el corazón pierda su centro.

 

 

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Siguiendo Juan A. Moliterni:

Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Canalizador, Reiki Ascensional Claridad, Ciencia Astrológica, Músico Arteosofia.

La Hermandad Blanca Universal, la jerarquía espiritual de Maestros Ascendidos, transfiere una antorcha, una Luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la Síntesis de oriente y occidente, de los Valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del Cosmos. Te invitamos a participar!

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