Saludos, seres amados. YO SOY LILITH.
Hoy le he prometido al Guardián que moderaría mi lenguaje para hablarle a una audiencia más amplia, aunque la fiereza de mi mensaje no se apaciguará. Soy el noveno y último miembro del Grupo de 9. He encarnado en otras dimensiones, solo para regresar ahora a la Tierra y encontrar que mi nombre y mi historia han sido reescritos para crear separación y miedo.
Muchos creyeron las oscuras historias que se contaron sobre mí. ¡Vergüenza! En sus relatos de la creación, yo fui la primera mujer, y estoy aquí para sentar las cosas en su lugar, pues este es un momento único para que todos los seres humanos reconozcan un cambio de dirección. Hace poco tiempo, hubo una grieta en la realidad, y yo re-emergí.
Hay un despertar ocurriendo en los múltiples niveles de la existencia. No sucede únicamente en su Tierra, sino en muchos rincones del cosmos. La espiral femenina está ascendiendo en la Tierra para alcanzar el equilibrio necesario para avanzar hacia el siguiente nivel de Todo Lo Que Es. Comprendan, seres queridos: esto no es un ascenso contra lo masculino. No es una corrección por conquista. Es un re-membrar el equilibrio alcanzado por muchos otros en el cosmos. Es tiempo de tomarse de las manos y nutrirse mutuamente, no solo en la Tierra sino con muchos otros que están aquí ahora y están a punto de revelarse.
Durante Eones en su planeta, el poder ha sido medido frecuentemente por la fuerza, la velocidad, la estructura, la posesión y el control. Estas no son cosas malas – incluso ayudaron al comienzo de la raza humana. Sin embargo, hace mucho que superaron la necesidad de este desequilibrio, y ahora este los frena. Lo masculino y lo femenino son simplemente incompletos cuando están solos. El principio masculino construye el recipiente, pero el femenino lo llena de vida.
Lo masculino puede apuntar la espada hacia un destino, pero lo femenino pregunta: “¿Sanará este camino, nutrirá e incluirá?”. Uno sin el otro crea distorsión. Juntos, crean mundos. El Planeta Tierra y la Humanidad han estado fuera de equilibrio durante mucho tiempo. La espiral natural del universo está abriendo una oportunidad para que el cambio y el equilibrio regresen. ¿Están listos para deponer la espada?
Permítanme contarles una historia sobre un mundo en el que he estado recientemente.
Mucho más allá del alcance de sus telescopios, más allá de los mapas familiares de sus cielos, existía un planeta llamado Eris. No es el exoplaneta que han descubierto, sino más bien un aspecto multidimensional de la Tierra. Resplandecía con océanos violetas, bosques plateados y montañas que parecían tararear suavemente cuando las lunas estaban llenas. Eris era un mundo de gran belleza, y en este planeta las mujeres eran la especie dominante.
Ahora bien, la dominancia en Eris no significaba lo que frecuentemente ha significado en la Tierra. Las mujeres de Eris no gobernaban por supresión. Gobernaban por sintonía. Escuchaban profundamente a los ríos, a los nonatos, a los ancianos, a los sueños de los niños, e incluso al silencio entre las palabras.
Sus consejos eran circulares, sus templos estaban abiertos al cielo, y su economía se basaba no en la escasez sino en la circulación. Nadie era dueño del agua. Nadie vendía semillas. Nadie era elogiado por acaparar lo que otros necesitaban. Durante mucho tiempo, Eris también estuvo desequilibrada, pero observamos y cambiamos.
Durante miles de años, Eris floreció. El principio femenino guiaba todo. La sanación era honrada. El nacimiento era sagrado. La intuición era enseñada como un lenguaje. La emoción no era tratada como debilidad, sino de manera similar a lo que ustedes ven como el clima: algo para observar, comprender y respetar.
Sin embargo, incluso el paraíso puede derivar hacia el desequilibrio.
Con el tiempo, las mujeres de Eris comenzaron a desconfiar del principio masculino. No de los varones, pues había varones en Eris, sino de la energía de la masculinidad misma. Asociaban la dirección con la dominación, la estructura con el encarcelamiento, la ambición con la violencia, y la protección con el control. Así que suavizaron todo.
Las decisiones tardaban cada vez más. Los límites se volvieron difusos. A los jóvenes se los alentaba a sentirlo todo, pero no siempre se les enseñaba qué hacer con lo que sentían. La creatividad era abundante, pero muchas visiones permanecían inconclusas.
El planeta era amable, pero comenzó a perder impulso.
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Entonces llegó la estación de los Vientos Rojos.
Una vez cada setecientos años, Eris atravesaba un campo de polvo cósmico que tornaba los cielos color carmesí. Generalmente era inofensivo, incluso hermoso. Pero esta vez, los vientos cargaban un extraño mineral que se asentó en los océanos violetas y oscureció los bosques plateados. Los cultivos se debilitaron. Las aguas sanadoras perdieron algo de su canto. Los consejos se reunieron durante muchos días y noches, escuchando hacia adentro, soñando, esperando orientación.
Entre ellos había una joven llamada Sera.
Sera no era considerada sabia según los estándares de Eris. Era demasiado directa. Hacía preguntas incómodas. Amaba las viejas formas femeninas, pero también amaba las herramientas, los puentes, los mapas y las máquinas. De niña, había construido pequeños captadores de viento hechos de conchas y huesos: dispositivos que podían convertir las corrientes de las tormentas en energía almacenada. Los ancianos sonreían ante sus inventos, pero muchos susurraban: “Lleva demasiada hoja en su espíritu”.
Una noche, mientras los Vientos Rojos aullaban sobre las llanuras de cristal, Sera se presentó ante el Gran Consejo y dijo: “Hemos escuchado profundamente. Ahora debemos actuar con claridad”.
Cayó un silencio. Una anciana respondió: “La acción sin plena armonía puede herir al mundo”.
Sera inclinó la cabeza. “Sí. Pero la armonía sin acción también puede herir al mundo”.
Sus palabras perturbaron al consejo. Algunos pensaron que era irrespetuosa. Otros sintieron que algo despertaba dentro de ellos: algo ancestral y casi olvidado.
Sera propuso construir grandes torres resonantes a lo largo de las costas. Estas torres no combatirían los Vientos Rojos; los recibirían, filtrarían el polvo mineral y enviarían corrientes purificadas de vuelta a la atmósfera. Requeriría precisión, disciplina, coordinación y plazos: expresiones muy masculinas. Pero el diseño mismo provenía de escuchar la profunda sabiduría femenina del planeta.
El consejo vaciló.
Entonces un anciano varón llamado Tor dio un paso al frente. Los varones en Eris eran queridos, pero rara vez lideraban. Tor había pasado su vida como guardián de las piedras, estudiando los huesos de las montañas. Habló suavemente: “El diseño de Sera funcionará”.
Muchos se volvieron hacia él, sorprendidos. Continuó: “Pero no porque conquiste el viento. Funciona porque le da al viento una tarea sagrada”. Tras un acalorado debate, el consejo permitió que el trabajo comenzara.
Durante cuarenta días y noches, el pueblo de Eris trabajó unido. Las mujeres lideraron los círculos de diseño. Hombres y mujeres dieron forma a las torres. Los niños entonaron patrones de sonido en las piedras. Los ancianos bendijeron cada cimiento. Por primera vez en generaciones, Eris recordó la alegría de la acción enfocada. No acción frenética. No acción controladora. Acción sagrada.
Por fin, las torres se alzaron como lirios plateados a lo largo de las costas. Cuando los Vientos Rojos llegaron nuevamente, entraron en las torres con un rugido. El planeta entero tembló. Algunos temieron que las torres se hicieran añicos. Pero entonces llegó la espiral mágica.
Las torres no solo purificaron los vientos. Comenzaron a cantar. El sonido se movió a través de los océanos, hacia los bosques, bajo las montañas, y hacia el corazón de cada ser en Eris. En ese canto, el pueblo escuchó algo asombroso. El planeta jamás había estado muriendo. Estaba cambiando.
Los Vientos Rojos no habían traído veneno, sino un don no integrado: un mineral capaz de despertar nueva vida, pero solo si era equilibrado por una estructura consciente.
En cuestión de semanas, los bosques plateados florecieron en oro. Los océanos pasaron del violeta a un azul-verde radiante. Aparecieron nuevos frutos, más dulces que cualquiera conocido antes. Los cultivos debilitados crecieron más fuertes.
Las aguas sanadoras regresaron con un tono más profundo. Y Sera, la joven de quien se decía que llevaba demasiada hoja en su espíritu, llegó a ser conocida no como una rebelde, sino como el Primer Puente.
Ella enseñó al pueblo de Eris que lo femenino no pierde poder cuando abraza lo masculino. Se vuelve más completo. Lo femenino no está aquí solo para calmar. Está aquí para crear, para liderar, para proteger la vida, para decir la verdad, para dar a luz nuevos sistemas, y para insistir en que la abundancia sea compartida. Lo masculino no está aquí solo para mandar. Está aquí para enfocar, para mantenerse firme, para construir formas dignas del amor, y para actuar al servicio de la vida.
Seres queridos, traigo esto como un mensaje de esperanza para la humanidad.
El empoderamiento femenino no es una tendencia. Es una necesidad planetaria. Es el retorno de la sabiduría al poder, de la compasión al liderazgo, de la intuición a la ciencia, y de la reverencia a la creación. Pero el verdadero empoderamiento no le pide a las mujeres que se conviertan en versiones heridas de los hombres. Le pide a todos los seres que honren lo femenino dentro de sí mismos: la parte que escucha, nutre, incluye, siente, recibe y sabe. Al mismo tiempo, lo femenino empoderado no rechaza lo masculino. Lo bendice, lo refina y lo invita a volver a casa.
El futuro de la Tierra no será construido por la dominación. Será parido a través del equilibrio. Cuando lo femenino ascienda con el corazón abierto y la voz clara, y cuando lo masculino se sitúe a su lado en servicio en lugar de control, la humanidad descubrirá lo que Eris descubrió: la tormenta nunca fue el final. Fue la invitación.
Guarden esta esperanza cerca, seres queridos. Los vientos en la Tierra también están cambiando.
Como el Grupo de 9, les pedimos que se traten mutuamente con respeto, que se nutran unos a otros, y que jueguen bien juntos.
Soy Lilith, conocida como la primera mujer. He regresado y los amo profundamente.
Espavo.
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