La Expectativa como Herramienta de Transformación

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Una de las mayores ventajas y, a la vez, uno de los mayores desafíos de la humanidad es nuestra capacidad de esperar. Nuestra habilidad para generar expectativas nos permite reunir datos y planificar eventos para poder sobrevivir.

Por ejemplo, utilizamos nuestros poderes de observación para recopilar información sobre los cambios climáticos. Cuando percibimos una caída repentina y drástica de la temperatura, vientos que llegan desde el norte, nubes de lluvia acumulándose en el cielo y animales comportándose de maneras reveladoras, esperamos que se aproxime una tormenta fuerte, posiblemente peligrosa, de la cual debemos resguardarnos. Entonces entramos en nuestras casas, aseguramos ventanas y puertas, y así sucesivamente.

Si estamos en el mar, tomamos precauciones similares: buscamos un puerto seguro o arriamos las velas, aseguramos las escotillas y orientamos la proa hacia la tormenta para enfrentar las olas entrantes. Si aparecen señales de una recesión económica, tomamos medidas preventivas vendiendo inversiones vulnerables y adoptando otras acciones para reducir el riesgo de perderlo todo.

A lo largo de milenios, hemos aprendido a trabajar con las expectativas para administrar las finanzas, trazar estrategias, reunir recursos, construir defensas, almacenar alimentos y, quizás, volvernos más austeros y ágiles para responder rápidamente a la adversidad.

Las expectativas se han convertido en una de las herramientas más poderosas de nuestra caja de supervivencia y prosperidad en un mundo en constante cambio. Sin embargo, la expectativa tiene un costo, y a veces ese precio es elevado, incluso desastroso.

Una persona o una empresa puede prepararse para un desastre, mientras que otra persona, quizás guiada por la intuición, percibe que dicho desastre no se manifestará y, al esperar un resultado mejor, encuentra enormes oportunidades en su lugar.

La expectativa puede volvernos excesivamente cautelosos o llevarnos a conductas predictivas que nublan nuestra visión o nuestra respuesta creativa frente a un desafío. Se anuncia la llegada de un huracán y millones de personas saturan las carreteras para huir, y tal vez hacen bien en hacerlo.

Algunas personas se arriesgan y se quedan en casa, y quizás pierdan la vida… o tal vez el huracán cambie de rumbo y golpee otro lugar, justo donde la gente estaba escapando, con resultados desastrosos.

Cuando hemos sido traumatizados en etapas tempranas de la vida por abandono, violencia, abuso sexual, hambre, pobreza y situaciones similares, esto puede marcarnos de por vida, consolidando expectativas de que estas experiencias siempre nos sucederán.

De este modo desarrollamos los siete patrones mortales del miedo: auto-destructividad, avaricia, auto-devaluación, arrogancia, martirio, impaciencia y terquedad. Culturas enteras pueden desarrollar expectativas en respuesta al empobrecimiento, la guerra, la invasión, la colonización y muchas otras dificultades.

Todo esto genera un enorme sufrimiento en el mundo y crea una cadena interminable de eventos similares que surgen de expectativas negativas.

¿Por qué?

Porque la mayoría sabemos que las expectativas generan más de lo mismo. La ciencia ha demostrado que nuestras creencias y las expectativas basadas en ellas impactan la realidad física de maneras que repiten dichas expectativas. Esto se ve claramente en el efecto placebo.

Por supuesto, el aspecto positivo es que cuando esperamos resultados favorables de una pastilla o un medicamento, a menudo los obtenemos, y lo mismo ocurre en todos los aspectos de la vida. Si esperamos que nuestros estudiantes tengan buen desempeño, así será. Si esperamos que fracasen porque sostenemos prejuicios, su rendimiento será inferior.

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Las expectativas suelen centrarse en nuestros miedos. Como especie, hemos sido condicionados por el miedo durante cientos de miles de años, porque está profundamente arraigado en nuestras culturas, religiones, creencias y mentalidades, y casi nadie nota cuán omnipresente es, ni cuán aceptado y esperado está.

Podría decirse con total honestidad que vivimos con miedo día a día, a menudo momento a momento.

Entonces, ¿tenemos miedo con razón porque el mundo es un lugar aterrador y cosas horribles suceden si no estamos hipervigilantes? ¿O las cosas horribles y aterradoras nos suceden precisamente porque tenemos tanto miedo?

Exploremos esto por un momento. El hecho de que creamos que somos objetos separados unos de otros y de nuestro entorno conduce naturalmente a pensamientos de miedo. Aprendemos que cualquier cosa que no podamos controlar o manejar podría dañarnos. Así, intentamos -sin éxito- controlarlo todo.

La bala podría alcanzar a nuestros hijos; no los perdamos de vista. El auto podría chocar inesperadamente contra nosotros; compremos el más caro y seguro del mercado. Podríamos estar justo debajo del árbol al que cae un rayo; mejor cortarlo o no salir nunca. No sabemos qué piensa esa persona que se ve diferente a nosotros; mantengámosla lejos. Así es como vivimos.

Tómate una mañana o una tarde y observa si puedes contar cuántos pensamientos basados en el miedo tienes. A menudo estos miedos toman la forma de “¿Y si…?”. Probablemente te horrorizará la frecuencia con la que contemplas resultados negativos.

En todo el mundo siempre han existido individuos y pequeños grupos que no temen a nada. Si interrogamos a estas personas, descubrimos que no se sienten separadas de su entorno, ni de los animales ni de otras personas. Se sienten seguras dondequiera que van. Nunca están donde va la bala, donde ocurre el choque, donde cae la avalancha o donde impacta el tsunami.

No se identifican con sus cuerpos ni con sus mentes; se identifican únicamente con la conciencia universal e infinita. Son uno con todo.

¿Quién sería el que tendría miedo? ¿De qué tendría miedo?

Todo es Espíritu. Dirían que es nuestra naturaleza ser de este modo. Tal vez antes tenían miedo y luego encontraron la forma de no tenerlo. Dirían que vivir así es muy cómodo y efectivo. No hay estrés. No piensan demasiado; simplemente saben lo que necesitan saber. Estas personas aún utilizan el poder de la expectativa cuando es necesario, pero de manera muy sobria. La mayor parte del tiempo están en el momento presente

Tienen personalidades, trabajos, un idioma que hablan, amigos, parejas, hijos que criar, igual que cualquier otra persona. De hecho, se presentan como personas muy normales, pero relajadas y contentas. Son amorosas y amables. Algunas están altamente realizadas en el mundo.

Sin embargo, no se ven a sí mismas como seres separados. Son una con la humanidad, una con el mundo. Para ellas no existen objetos o cosas separadas. Dicen que algún día todos descubrirán esta forma de ser y que el mundo se transformará dramáticamente en el proceso, en muchos aspectos sin esfuerzo, porque es la forma natural de existir.

Lo que no es natural es vivir con miedo. Eso no significa ser descuidado ni asumir riesgos imprudentes. La vida humana requiere discernimiento, pero no temor constante. Tenemos demasiados pensamientos basados en el miedo, el 99 % de los cuales nunca llegan a suceder.

La humanidad se encuentra al borde de una nueva Era. El viejo paradigma de vivir con miedo constante a todo está terminado. Ya no va más. Los seres humanos, en su conjunto, están cansados y agotados de ese estado, pero muchos no saben que existe otra forma de vivir; otros intuyen que hay otro camino, pero no saben cómo llegar a él.

Todo este conocimiento está disponible ahora. Hay más pioneros abriendo camino que nunca antes. La antigua manera de vivir nos ha llevado tan lejos como podía. Si continuamos por la senda del miedo, no es sostenible y estamos destinados al colapso. Pero ese no es nuestro destino. En realidad, nunca lo fue. Ha sido un experimento doloroso, pero educativo, y ahora sabemos adónde conduce.

Aún hay quienes se aferran a ese viejo modelo. Son los inexpertos, los que no saben que existe otra opción. No es culpa suya; simplemente así ocurre. Pero no pueden imponer su camino, del mismo modo que no se puede permitir que un niño de ocho años conduzca un automóvil.

Muchas personas han estado esperando que el enfoque basado en el miedo de los más inmaduros fracase, que se auto-destruya, y eso está sucediendo como un accidente ferroviario en cámara lenta. Sin embargo, quizá eso no sea suficiente. La resistencia armada o violenta, la rebelión o la revolución, por lo general solo hacen que el otro bando se atrinchere aún más y se fortalezca. Ese tampoco es el camino.

Entonces queda la vía del despertar. Millones de personas deben decidir que ya no están dispuestas a vivir con miedo y actuar en consecuencia: sin temor, de manera cooperativa y con determinación. Debe haber consecuencias políticas y económicas para quienes amenazan a otros. Eso cambiará la dirección de los acontecimientos con rapidez.

Entonces podrá comenzar la construcción, pero no la reconstrucción de lo antiguo. La infraestructura del mundo no ha funcionado durante mucho tiempo. Es momento de crear formas completamente nuevas, valientes y libres de miedo.

¿Cómo se vería eso? ¿Cómo se sentiría?

Podemos hacerlo. Y lo haremos.

Nota. La Escuela del Camino del Poder Chamánico. Artículo de José Stevens, 12 de diciembre de 2025. Traducción, Edición y Difusión: Juan Angel Moliterni (www.escuelaclaridad.com.ar). Se autoriza la redistribución de este boletín e información personalmente y vía Internet con la condición de que el contenido permanezca intacto, de que se respeten los créditos del servicio, los autores, los editores y se mencionen la fuente y enlaces correspondientes. Gracias por colaborar en hacer que estas ideas (link) lleguen a la atención de un público más amplio.

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Siguiendo Juan A. Moliterni:

Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Canalizador, Reiki Ascensional Claridad, Ciencia Astrológica, Músico Arteosofia.

La Hermandad Blanca Universal, la jerarquía espiritual de Maestros Ascendidos, transfiere una antorcha, una Luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la Síntesis de oriente y occidente, de los Valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del Cosmos. Te invitamos a participar!

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