Educando Nuestro Interior 9

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El Dharma.

La etapa de la vida, la posición en la sociedad, la profesión, las personas con las cuales entran en contacto, la recreación que les gusta más; todos éstos deben ser usados por ustedes para limpiar el espejo interno donde Dios pueda ser reflejado.

La etapa de jefe de familia es un peldaño en la escalera hacia la realización de Dios. No deben estancarse en un escalón o construir un hogar en un puente. Sigan adelante, trepando, cruzando, ascendiendo hacia la meta de Dios. De este mundo prosigan al más allá, por medio de la práctica del código de reglas disciplinarias (dharma), viviendo la vida mundana como miembro de la comunidad humana, ustedes lo trascienden y se ganan el derecho y la aptitud de conocer acerca del dharma del más allá, la naturaleza y la gloria de lo Divino.

El dharma del mundo da felicidad, pero el dharma del más allá les revela la fuente de la felicidad y los funde en ella.

La Verdad y la Rectitud (Dharma), son los dos principios cardinales de la Eterna Espiritualidad. Son las metas de todos los credos, las enseñanzas de todos los santos, el meollo de los logros de todos los sabios, la corriente subterránea de todas las escrituras. Surgen del Principio del Alma, que es la lección que se nos enseña.

Las Escrituras Sagradas declaran: “Todo está envuelto por Dios”, y así, ¿cómo pueden los hombres odiar o engañarse unos a otros? Las reglas y disciplinas establecidas en todos los sistemas religiosos tienen como meta la aplicación en la vida diaria de esta gran verdad de la inmanencia de Dios.

Las diferencias regionales del clima, cultivos, topografía e historia pueden enfatizar algunas virtudes más que otras; pero la meta común de los sabios y santos de todas las tierras es guiar al hombre hacia Dios e impedirle caer al nivel de la bestia. El hombre debe obtener ecuanimidad, debe estar firmemente establecido en la Verdad y el Amor. Esto hará que su corazón refleje al Señor que está dentro.

Cuando el camino establecido para la elevación del hombre está lleno de arbustos espinosos y es irreconocible, el Señor mismo toma forma humana y lo vuelve a marcar. La restauración del dharma (del Propósito) consta de dos operaciones: la remoción de lo incorrecto y el restablecimiento de lo correcto. En la actualidad, el único medio por el cual estos dos objetivos pueden lograrse es la Recordación del Nombre. El dharma es capaz de conferir todo lo que el hombre puede desear, aquí y en el más allá. Es la “vaca” celestial que otorga todos los dones. Con el nombre de Dios como cuerda, pueden amarrarla al poste, la lengua, luego pueden obtener de esa “vaca”, todo lo bueno que anhelan. Ella se quedará en el establo de su corazón. Al comienzo esta recordación es mejor hacerla en compañía, pues cuando lo hacen solos, los pensamientos dispersos serán más fuertes que la seriedad que pongan. Una sola brizna de hierba tiene poca fuerza, pero un gran número de ellas entretejida en forma de cuerda puede servir para atar a un elefante a un árbol. La mente salvaje puede ser amarrada por la fe que es confirmada en buenas compañías.

Arjuna se quejaba a Krishna de los desvaríos de su mente, le dijo que estaba cambiando siempre sus objetivos, que estaba llena de peligrosas posibilidades, ya que puede esclavizar a sus sentidos, que era incontrolable y difícil de destruir. Pero la mente puede ser controlada y hasta eliminada por medio de una intensa meditación sobre el Dios inmanente. Cuando lleguen a esta etapa, la ira, la ansiedad, y la envidia cesarán de molestarlos, las ataduras del “yo” y “lo mío” se romperán y tendrán una paz que nada podrá perturbar. Sus esfuerzos deben ser en proporción a la magnitud de la ganancia que esperan, ¿no es así? Anhelan la bienaventuranza pero se aferran a los placeres mezquinos y eluden arriesgar la cantidad necesaria de esfuerzo para ganarla. Si están ansiosos de alcanzar una meta, deben estar preparados para hacer todo el trabajo, vencer todos los obstáculos, de otra forma no deben ni siquiera pensar en tener ese deseo.

Nunca se desvíen del camino de la rectitud, cualquiera que sea el problema o la tentación. No desmayen, no retrocedan. Jamás permitan que se quebrante su fe. Si les dan importancia a riquezas, hijos, fama, o fortuna, estarán mostrando que su devoción no está dirigida a Dios, sino a riquezas, progenie, y demás. Si profesan devoción a Dios, ¿cómo deben manifestarla? Manifiesten cualidades, virtudes, amor y fortaleza divinos.

El carácter, la conducta, el comportamiento diario, las actitudes hacia los demás, todo es de primordial importancia, porque el dharma es, esencialmente, moralidad (ética) social. El dharma le brinda alegría al hombre y mantiene lejos el pesar. Cada ser en el mundo, ya sea consciente o inconscientemente, depende del dharma para su paz y felicidad. Todos los triunfos, se reconozca o no, se logran únicamente a través del dharma. Los sabios clasifican el dharma en general y especial. El primero incluye las virtudes de la verdad, el amor, la caridad, etc., que cada uno ha de cultivar y apreciar. El segundo se refiere a aquellos deberes que uno tiene como resultado de sus obligaciones sociales, posición profesional, etc.

Ustedes se han dado cuenta de que, en la actualidad, hay una ola de descontento espiritual surgiendo de miles de corazones y, como consecuencia, tenemos grupos anhelantes que renuncian a todo lo mundano y salen en busca de Dios y de piadosos preceptores. Sin embargo, muchos creen que esta búsqueda sólo concierne al individuo y que no hay necesidad de involucrar a la sociedad en sus anhelos o en sus esfuerzos. Esta es una necedad tan grande como decir que uno tiene por qué preocuparse de la oscuridad que reina fuera de los muros de su propia casa. El individuo y la sociedad están entrelazados inextricablemente. Debe haber iluminación para ambos. La dicha debe surgir del individuo y llenar el lago de la sociedad, y de allí fluir hacia el Océano de Gracia.

La sociedad es sólo un nombre para un grupo de individuos, pero no tiene cuerpo físico. Los individuos son los miembros que sostienen y nutren el “cuerpo” llamado sociedad.

La sociedad le da forma al individuo, lo provee del campo para su desarrollo y establece los ideales que debe tener ante sí mismo. Cuando el individuo es más fuerte, más inteligente, con mayor inclinación hacia el servicio, y más eficiente como trabajador, la sociedad se beneficia. Cuando la sociedad está más consciente de su papel y de la necesidad de purificar ese papel con humildad y sabiduría, el individuo se beneficia.

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One Response

  1. Marcelo Acosta
    | Responder

    GRACIAS GRACIAS GRACIAS

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