Educando Nuestro Interior 7

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La Verdad como Virtud

El que simplemente digan la verdad, narrando los hechos tal como son, esto es sólo una verdad mundana. En realidad, no es esto lo que quiere significarse con Verdad; el término reviste una connotación mucho más profunda.

En su real sentido, la Verdad es aquello que está libre de cambio siempre, que no cambia con el tiempo. Es la Realidad Eterna.

La verdad mundana pertenece a un orden muy inferior, representa la verdad para ese momento preciso. Al momento siguiente ya no es válida, ni tampoco es la misma que era en el momento previo.

Todos los objetos materiales de este mundo que ustedes pueden ver, se encuentran en un continuo flujo de cambio en cada momento y ninguno puede escapar a la destrucción. En este mundo siempre cambiante y transitorio, ¿cómo podría haber algo de lo que ven u oigan que sea una verdad válida y duradera?

La Verdad significa, realmente, Dios, y ésta es la flor de la virtud: La Verdad es la forma de la Divinidad.

Lo que experimentamos y tomamos por verdad-verdades en este mundo y en la Naturaleza posee un carácter relativo. Veamos lo que ocurre con la química. Por ejemplo, toman algunos productos químicos y los mezclan en un cierto orden… Reaccionan y producen otro producto químico. Cuando mezclan cianamida cálcica y polvo de cúrcuma resulta un color rojo. Esto es una verdad química.

Tomemos el caso de la física. Si toman una aguja de tres pulgadas de largo y la calientan al fuego, se alargará a tres y media pulgadas. Esta es la verdad de la física.

¿Cuánto duran las verdades de la física y de la química? Su validez tiene sólo un valor relativo, su importancia es también de naturaleza relativa.

La Verdad Espiritual, en cambio, la Verdad de Dios, es eternamente válida, válida bajo cualquier circunstancia y siempre inalterable, aunque le apliquen fuego o hagan lo que quieran con ella. Es así que Verdad quiere significar aquello que no cambia, que es inmutable y que permanece siempre igual. Eso es Verdad, eso es Divinidad.

¿Cuál es el más elevado objetivo del hombre? ¿Cuál es su más precioso ideal? Los Vedas declaran: No hay norma más alta que la Verdad. Esta mansión llamada universo, descansa sobre el cimiento de la Verdad. Denle a la Verdad el primer lugar en sus pensamientos, palabras y actos.

La Persona Intemporal, que se encuentra más allá de la ilusión engañosa y la oscuridad, debe llegar a conocerse por uno mismo y por el propio esfuerzo. Han llegado a nacer como herederos de este estado de bienaventuranza eterna. Son los hijos bienamados del Señor. Son tan puros y sagrados como el aire. No se condenen a sí mismos como pecadores. Son cachorros de león y no corderos. Son pequeñas olas de la inmortalidad, no cuerpos compuestos de materia.

No piensen que las Sagradas Escrituras establecen un cúmulo de aterradoras leyes y normas. Cada una de ellas ha sido establecida por el Señor en calidad de legislador. Todos los elementos en el cosmos, cada partícula en cualquier parte actúa en todo momento de acuerdo con lo que El ha ordenado. Sobre esto es que nos informan las Sagradas Escrituras.

No puede haber ningún culto que sea superior ni más beneficioso que el servir al Señor. Uno debe ofrecerle amor, más amor de lo que no puede sentir por nada más en este mundo y en el otro. Debe ser amado como el Uno y el Único. Debe ser recordado con adoración con ese amor.

La hoja de loto nace bajo el agua, luego flota sobre ella, sin que jamás se moje. También el hombre deberá vivir así en este mundo; estando allí por y para el mundo, pero no inmerso en él. Y éste es el rasgo esencial que deberá ostentar toda educación superior: prepararlos para este papel.

La vida en la Tierra es como el océano, siempre agitada, con olas de alegría y dolor, de pérdidas y ganancias, las corrientes tormentosas de deseos, los remolinos de pasión y los vientos huracanados de codicia y odio. Para cruzar el océano, la única balsa confiable es un corazón lleno de amor por Dios y por el hombre. El hombre nace para un alto destino, dueño de un rico caudal hereditario. No debía malgastar sus días en bajos propósitos y vulgares vanidades. Su destino es conocer la Verdad, vivir en ella y por ella. Sólo la Verdad puede hacer al hombre libre, feliz y valiente.

Si no está impulsado por éste alto propósito, la vida es una pérdida, un mero agitarse en las olas, pues el mar de la vida nunca está tranquilo.

El hombre es Verdad, Belleza y Bondad; por esto es atraído a lo verdadero, lo bello y lo bueno; él odia ser llamado mentiroso, feo o malo. El hombre tiene que esforzarse de manera especial para andar por el sendero de la falsedad, es más difícil para él sostener una mentira que apoyar la verdad. Así está dando la espalda a su destino cuando se regodea en la falsedad, la fealdad y la maldad.

Sin verdad no puede haber bondad; sin bondad, ¿de qué serviría la belleza? El efecto de la verdad en la mente es la bondad, la alegría que fluye de la bondad es la belleza genuina, esa que los artistas buscan. Las tres son una e indivisible. Experimenten esta verdad como bondad y la bondad como belleza. Esto da la suprema bienaventuranza.

No permitan que las alegrías inferiores los distraigan, no desperdicien su energía jugando el tonto juego de ganar y perder, acumular y gastar, de ganar fama, fortuna y felicidad temporal. Vayan por el camino real que lleva al autoconocimiento y no se extravíen por las veredas de la falsa felicidad.

Ustedes temen que sea muy difícil, es decir, imposible, alcanzar a Dios; pero es muy sencillo, su misma simplicidad los hace sentir que debe de haber alguna trampa escondida. Ustedes no aprecian las cosas y los hábitos sencillos. Por ejemplo, no hay nada tan simple como el decir la verdad, sin embargo, ¿cuántos se adhieren a la verdad? Si se aventuran a la falsedad, tienen que inventar nuevas historias a cada rato y mantener en la memoria todas esas historias y a las personas a quienes las han contado. Esto es muy complicado y confuso.

La mente es purificada por la Verdad; la Verdad es la gran purificadora, no admite ninguna mancha ni pecado; ningún defecto ni engaño. La falsedad contamina la lengua del que la dice, el oído del que la escucha y el aire que la lleva de una boca a otro oído. Hay sonidos benéficos y maléficos y producen los correspondientes ecos (karmas) en la atmósfera.

Si desean saber cómo deben observar la verdad en el habla: la mejor manera de hablar es la que no crea dolor, ira o aflicción a los demás. Las Escrituras Sagradas dicen: “Digan la verdad, pero de manera agradable”. Simplemente porque una afirmación sea bien recibida por el que la escucha, no la digan para ganarse su aprobación; si el decir la verdad va a causar dolor o aflicción, mantengan silencio. Este es el voto de la verdad en la vida diaria ordinaria.

No sean hipócritas ni hablen con doblez. Ambas, la verdad desagradable y la falsedad agradable, deben ser evitadas. La Verdad es Dios mismo, como dicen las Escrituras: “Todo esto está asentado sobre la firme base de la Verdad”.

“¿Cuál es el más elevado objetivo del hombre?¿Cuál es su más precioso ideal? Los Vedas declaran: “No hay norma más elevada que la Verdad. Esta mansión llamada Universo descansa sobre el cimiento de la Verdad” (Sai Baba).

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