Educando Nuestro Interior 22

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Humildad.

El deseo se destaca como líder prominente de todos las cualidades negativas. Las tres restantes -ira, codicia y apego- siguen al cabecilla y actúan según sus dictados.

Al igual que las brazas cubiertas de cenizas, el agua cubierta por algún precipitado o el ojo cubierto por cataratas, nuestra Sabiduría se encuentra dormida, cubierta por “el dios del deseo” (ego). Se requiere que inquiramos respecto a la fuente y la naturaleza del “deseo”. Hasta tanto no podamos hacerlo, no seremos capaces de distinguir entre lo que es duradero y lo que es sólo temporal; entre lo que es justo y lo que es erróneo.

“Deseo” acrecienta nuestros apegos y con ello debilita nuestra memoria y nuestra inteligencia. Cuando nuestra inteligencia se debilita, nos volvemos inhumanos. De este modo, “Deseo” puede llegar a arruinar nuestra vida. Por otra parte si llegamos a comprender bien la naturaleza del “deseo”, se alejará instantáneamente de nosotros. Si, en cambio, le atribuimos un alto sitial, sin entenderlo, nos ganará la mano y bailará sobre nuestra cabeza.

Este mal del deseo no puede ser curado por medicina alguna. La única forma de curarlo la constituye el ganarse la Gracia de Dios, de modo que si desean suprimirlo, habrán de ser merecedores de ella. De modo que si queremos acercarnos a Dios y establecer una relación con El, hemos de buscar la Sabiduría y conquistarla. Cuando logramos la Sabiduría, todas las demás ramas del conocimiento nos llegan automáticamente.

Se ha dicho que si logran zafarse del “ego” pueden llegar a entender a Dios, pero para ello habrán de preguntarse sobre la forma en que pueden llegar a liberarse del ego.

Este ego tiene la facultad de arrastrar al hombre por caminos muy torcidos. Promueve de manera muy intensa el egoísmo y desemboca, finalmente, en hacerle olvidar quién es. El ego suele aflorar debido a la belleza, la educación, la riqueza, la posición o la casta. Si piensan que la belleza es la causa de su ego, habrán de saber que la belleza brilla y desaparece en un instante al igual que un relámpago. Si piensan que la riqueza o la fuerza física son las causantes de su ego, habrán de saber que ambas son como espejismos que se desvanecen en un momento. Si creemos que el ego proviene de nuestra posición, debemos saber que ella puede elevarse, bajar o desaparecer por completo. Tan pronto como pierden una posición se vuelven personas comunes y corrientes, de modo que no tiene sentido el hacer depender el ego de la posición de autoridad.

Si quieren sentirse importantes o arrogantes debido a la educación que poseen, es bien sabido que la verdadera educación consiste en lograr humildad y en eliminar el ego. La verdadera educación no produce arrogancia. La verdadera educación trae a la humildad en su séquito y toda la gente educada mira a los demás con humildad y con ecuanimidad.

Si planteamos la pregunta respecto de quién es un ciego en este mundo, la respuesta nos indicará que es aquel que lo sabe todo, pero que es incapaz de ver las cosas en su real perspectiva. Si nos mostramos capaces de prestar servicio y de comportarnos con humildad frente a los mayores, esto hablará de nuestra educación genuina.

Su belleza, su juventud, su fuerza física, su fortuna y su posición no son motivo alguno para que se sientan orgullosos, porque a medida que avancen los años, todo se desvanecerá. En este contexto, ¡qué sentido tiene el sentir orgullo por este saco de piel que es el cuerpo!

La educación ha de recibirse de todo el mundo. Puede obtenerse en un taller, en una granja o en una profesión u oficio. El caminar por el mercado puede entregarles educación. Todos los aspectos de la vida pueden impartir educación. Deben considerar al mundo mismo como una universidad. Desde que se levantan hasta que vuelven a acostarse están empleando su educación para ganarse los mendrugos de la vida. Pero si no pueden hacer uso de su educación para estar cerca de los Pies del Señor, ¿cuál sería el propósito de todos estos conocimientos?

Han de llevar a Dios en sus corazones y reconocer a todos los seres vivientes como sus iguales. No deben escatimar esfuerzos para sortear a los cuatro obstáculos del deseo, la ira, la codicia y el apego. Mientras estos ladrones estén en su casa, no habrá seguridad alguna de que puedan echar mano del tesoro de la Sabiduría. Cuando logren ahuyentarlos, entrará un ladrón aun mayor y ése no será otro que Dios mismo. Es por ello que se le hemos llamado: “el que roba su corazón”.

Reconociendo el hecho de que Dios es el único que puede eliminar de nosotros el ego y “la conciencia del yo”, es que se le ha llamado Madhusudana. Esta palabra indica usualmente “a quien ha conquistado a un demonio llamado Madhu”. Pero “Madhu” también significa “algo que es más dulce que la miel” y para el hombre la mayor dulzura la representa su ego. De modo que, en este contexto, a aquel que puede destruir por completo a este ego, se le llama Madhusudana.

Es así que este dulce ego nuestro puede ser eliminado por Dios, que tiene aun mayor dulzura. Hemos de tener fe en El y acercarnos más a El. Si lo hacen, Dios mismo velará porque se les respete, por lo que haya de dárseles y por cuanto se les de. Todo no será sino Su responsabilidad y todo descansará en El.

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Centro Escuela Claridad

“Cuando todos los deseos adheridos al corazón se desprenden de él, entonces el mortal se torna inmortal, incluso aquí posee al Eterno”.

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