Educando Nuestro Interior 18

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Discernimiento.

La educación sin sabiduría, la mera sabiduría carente de discernimiento, la acción sin discreción, la erudición desprovista de perspicacia, el poder no justificado por méritos, las declaraciones no basadas en la verdad, la música falta de melodía, la adoración sin el sustento de la devoción, una persona carente de sentido común y de carácter, un estudiante no dotado de humildad y un discurso que no llegue a inspirar… todo ello no sirve a ningún propósito útil.

Como complemento al conocimiento adquirido de los textos sagrados, uno debe lograr sabiduría a través de la experiencia. Resulta fútil el conocimiento sin experiencia personal. El antiguo saber sagrado contiene varias preciosas verdades. Joyas de valor incalculable se ocultan en él. Se pueden encontrar incluso muchas teorías científicas relacionadas con el átomo. Los estudiantes deberían tratar de descifrar estas verdades ocultas y vincularlas al esfuerzo que busca el bienestar humano. Ello debería constituir tanto el estímulo como la determinación que los guíe a explorar estas verdades por descubrir. No deben contentarse con pronunciar discursos y con aparecer en foros de discusión.

Únicamente aquellos que poseen genuino espíritu de investigación pueden difundir el conocimiento real en el mundo. Un mero conocimiento superficial no servirá de nada. No hay conocimiento que pueda sobrepasar al que se adquiere por la experiencia directa. Este debe ser alcanzado a través del esfuerzo personal, de la iniciativa, de la determinación y la perseverancia propias, y debe ser utilizado en el desarrollo tecnológico y el aumento de la producción para el progreso del país.

Resulta necesario derivar la sabiduría desde la experiencia, mas es igualmente esencial desarrollar la facultad de discriminación que nos permita emplear esa sabiduría para el bienestar del país. La educación sin discriminación y la sabiduría sin discernimiento para nada sirven. La educación es una cosa y el discernimiento es otra bien diferente.

La discriminación es la facultad que nos permite distinguir lo bueno de lo malo y nos confiere la habilidad de decidir cuánta importancia se les debe atribuir a los diferentes aspectos de una situación dada. La discriminación es un componente de la sabiduría. Sin ella no se puede seguir por el camino correcto. Es signo de perspicacia el mostrar discernimiento en todas las acciones.

Mediante las investigaciones respecto de la energía atómica, uno puede inventar armas destructivas que pueden reducir a todo el mundo a cenizas en cuestión de segundos. La misma energía atómica, empero, nos puede ayudar a generar millones de kilovatios de energía eléctrica que puede ser empleada en la industria y la agricultura, para convertir al país en un maravilloso jardín. Una persona educada debe mostrar discernimiento y tomar el curso correcto en la acción.

Los descubrimientos e inventos del hombre no deberían aplicarse a propósitos negativos conducentes al desastre y la destrucción. El discernimiento nos guía para emplearlos correctamente en el aumento de la producción y la promoción del bienestar humano.

Un hombre dotado de sabiduría y discriminación será respetado e incluso venerado, aunque no tenga ni fortuna ni posición. Una persona carente de ellas jamás podrá florecer espiritualmente, aunque sea un eminente educador, un científico prominente o un multimillonario. El que no posea sabiduría ni discernimiento será incapaz de distinguir ni siquiera entre el recto (Dharma) y el incorrecto (Adharma).

Por ello, cada estudiante deberá adquirir ambas capacidades sin dormirse en sus laureles después de haber ganado conocimiento teórico. Es necesario que desarrolle una visión de largo alcance junto con la sabiduría, las cuales deberá emplear para la elevación de la sociedad.

Además de la sabiduría, el discernimiento y la experiencia, uno también debe llegar a poseer un inspirador sentido común. Este no se puede adquirir en libros, para ganarlo hay que viajar mucho. Fue éste el propósito que llevó a nuestros antepasados a realizar largas peregrinaciones para ver a los hombres santos en los sitios sagrados, hablarles y tocar sus pies. Al mismo tiempo veían muchas cosas y objetos en este diversificado universo del Señor y podían extraer muchas enseñanzas valiosas de ello.

Hay muchas cosas en la naturaleza que pueden enseñar valiosas lecciones y dar sabiduría. El desarrollo del sentido común consiste en comprender el origen y la naturaleza de tales cosas.

Debemos captar la importancia de la historia, la cultura y la civilización y difundirla. Alguien que lo intente debe, ante todo, comprender la naturaleza del Alma. En este mundo existen varias ramas del saber, como la física, la música, la literatura y las matemáticas. De todas estas formas del saber, el conocimiento de uno mismo es el soberano. Sin lograrlo, uno no puede gozar de paz alguna. Aunque uno pueda llegar a tener renombre y lograr reconocimiento en el mundo, no llegará a experimentar la felicidad sin el conocimiento de sí mismo.

El conocimiento del Alma, el conocimiento de Dios y el conocimiento espiritual, son todas expresiones que connotan aquella sabiduría que promueve la plena conciencia del Alma y de Dios. El conocimiento de uno mismo representa aquel conocimiento que, al ser adquirido, hace que se sepa todo lo demás. Una persona que posea el auto-conocimiento puede realmente ser aclamada como omnisapiente.

El saber profundo no nos puede dar una paz perdurable y absoluta; sólo el conocimiento de uno mismo puede ayudarnos a cruzar el mar del sufrimiento. De modo que todos deberían empeñarse en lograr este “conócete a ti mismo” que puede adquirirse mediante la pureza de la mente.

Esta pureza mental se alcanza mediante obras benéficas, actos sagrados, caridad, compasión y devoción. La acción desinteresada consagrada a Dios purifica el corazón.

El sol de la sabiduría alborea dentro de un corazón puro. Y el nacimiento de esta sabiduría eleva al hombre al estado de Dios.

Cualquiera puede esforzarse por conocerse a sí mismo. Hombres y mujeres, ricos y pobres, todos son aptos para encender dentro de sí la llama de la sabiduría espiritual. Nada se opone a ello, ni distinciones de casta, raza o religión. No importa, tampoco, que uno carezca de una educación formal o de una base en ciencias físicas.

En el mundo moderno no resulta fácil llegar al auto-conocimiento. De todos modos, esto no significa que uno deba renunciar al esfuerzo, dejándose llevar por la frustración o la desesperación. El esfuerzo humano constituye el primer paso en la empresa para alcanzar este supremo estado de la Divinidad. El segundo factor esencial lo constituye la Gracia de Dios.

“Los Hijos del Cielo, los Héroes del Omnipotente, que piensan el pensamiento recto, que expresan la Verdad, fundaron el plano iluminativo y concibieron la primera morada del Sacrificio… El Maestro de la Sabiduría abatió las defensas de piedra y convocó a las Huestes de la Luz… las huestes secretas en el puente sobre la Falsedad entre los dos mundos de arriba y uno de abajo; deseando la Luz en la oscuridad, llevó hacia arriba las Huestes Radiantes y despojó del velo a los tres mundos, hizo añicos la ciudad escondida al acecho, y erradicó a los tres del Océano, y descubrió el Amanecer, el Sol, la Luz y el Mundo de la Luz”.

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One Response

  1. Marcelo Acosta
    | Responder

    GRACIAS GRACIAS GRACIAS!!!

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