Educando Nuestro Interior 11

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La Paz es Shanti.

Muchas personas no saben siquiera el significado de la palabra “Paz”. Paz es como el esqueleto para todo individuo, y el aliento mismo para el aspirante espiritual, aunque cada uno le da un significado diferente. Muchos sienten que obtienen paz cuando satisfacen algún deseo mundano que los inquietaba; pero eso no es la paz real, sino sólo un efímero intervalo entre una preocupación y otra. Paz significa el triunfo en la eliminación de esas tendencias clasificadas en deseo e ira. Ese acto de control de los sentidos es esencial para todos. El aspirante espiritual debe estar dedicado a su práctica.

¿Qué anhela el aspirante espiritual? Satisfacción plena, ¿no es así? Entonces su anhelo es Paz (Shanti). Ahora bien, la Paz es la naturaleza innata del hombre, es el poder que viene en ayuda de aquellos que tratan de adquirir discernimiento, desapego y agudeza de intelecto. La Paz no es más que una fase del Alma misma. Así como el Alma, la Paz tampoco tiene principio ni fin, nada puede destruirla; sólo se iguala a sí misma, por lo cual no tiene comparación.

La Paz debe manifestarse en sentimiento, palabra, postura y acción en uniforme e igual medida. Luego la Paz se transforma en la Paz Suprema. Careciendo de tal Paz, es imposible obtener dicho material del mundo o del más allá porque Paz (Shanti) es la base de toda felicidad o alegría.

Aunque el hombre no es capaz de estar en sosiego ni por un momento, no podemos llamar Paz a la simple ausencia de cólera. La adquisición de un objeto deseado y la satisfacción que de ello deriva no deben ser confundidas con la Paz.

Por otra parte, la Paz que ha penetrado en el corazón no puede ser trastornada por ninguna razón, ésa es la única clase de Paz que merece ser llamada Paz Suprema. Y es que la Paz Suprema no tiene altibajos, no puede ser parcial en la adversidad y total en la prosperidad. No puede ser una cosa hoy y otra mañana, ya que un flujo permanente de Bienaventuranza es lo que se llama Paz Suprema.

La Paz Suprema los hace comprender diciéndoles cómo adquirirla y utilizarla, además de describirles sus atributos. Todo aspirante espiritual tiene el legítimo derecho de adquirir esta Paz Suprema; sólo debe aprender el camino para alcanzarla. El mundo sufre ahora de políticas egoístas, ideología nihilista y competencias sin escrúpulos; es éste por cierto el estado de las cosas. El hombre ha olvidado completamente su naturaleza divina. En tal crisis, lo más urgente es Paz y Amor Puro. Estos son los medicamentos necesarios para esta terrible enfermedad. El Amor Puro e inegoísta es el único medio para obtener Paz. Amor es el combustible que proporciona la divina llama de la Paz y da como resultado la unión de toda la humanidad y ésta, instruida en el conocimiento espiritual, hará de la paz mundial una realidad.

La disciplina del ser es el cimiento para una vida próspera. Sólo a través de ésta el hombre puede saborear la paz real y perdurable, sin la cual no puede haber felicidad. La Paz es la misma naturaleza del Alma y coexiste solamente con un corazón puro, no puede asociarse con uno codicioso y lleno de deseos. Paz es la señal que distingue a los aspirantes espirituales, los iluminados y los verdaderos seres humanos; no depende de condiciones externas. Ella hace que sus poseedores se alejen de egoístas o sensuales y que incluso sientan aversión por la compañía de estas personas.

La Paz es la característica del Alma interna, maravillosa, estable y permanente. Está llena de elevación espiritual y sabiduría, que son el acompañamiento natural de la Bienaventuranza.

La Paz genuina es obtenida por el control de los sentidos; sólo cuando esto se alcanza podrá llamársele Paz Suprema. La experiencia de tal estado es el flujo de la paz que calma la agitación mental, nivelando los torbellinos de los gustos y aversiones, el amor y el odio, el dolor y la alegría, la esperanza y la desesperación. La Paz debe ser obtenida y mantenida sin perturbaciones.

El Amor Puro sólo puede emanar de un corazón sumergido en Paz (Shanti), porque ella es una atmósfera que todo lo penetra y purifica.

Paz no es una convicción a la que se llega por medio de la lógica; sino la disciplina de todas las vidas disciplinadas. Cuando el hombre nace su mente es como una hoja de papel en blanco, pero tan pronto como se inician los procesos del pensar, sentir y actuar, la hoja de papel empieza a mancharse. El cuerpo depende del prana (aliento vital), de la mente y de los deseos que la agitan. La justicia y la verdad se confunden con las necesidades de educación, moda, convencionalismos, costumbres, etc., y el individuo es lanzado a una multitud donde su soledad es invadida y arrebatada. Es por ello que la mente debe calmarse y aquietarse primero; solamente logrando esto el cuerpo será saludable y el intelecto agudo.

La mente se proyecta hacia un solo objeto en un único instante, no en muchos, pero aun así ésta es un conglomerado de pensamientos, deseos, caprichos, imaginaciones, etc. En pocas palabras, la mente tiene dentro de sí la historia entera de la Creación. Por eso es la matriz de maya en el hombre.

La mente es el campo de batalla donde lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, compiten por la supremacía.

¡Beban las aguas del río de la disciplina! Sumérjanse en ellas y límpiense; que su frescura alivie sus tristezas y dolores y apague los fuegos del karma!

“El Templo es la Paz mundial y el Señor es la Paz individual. La adoración a Dios puede hacerse sólo si el templo está limpio y puro. Esfuércense, pues, en satisfacer estas condiciones: Paz Para El Mundo Y Paz Para Ustedes. La mansión del Señor es el mundo y Él se desplaza por las muchas habitaciones de esa mansión. No lo ignoren, sin Él, el mundo sería una tumba y no un templo. Siempre recuerden que Él es alegría y victoria”.

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