La epigenética

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Bruce-Lipton

La epigenética contra el determinismo genético

Durante mucho tiempo predominó una manera relativamente sencilla de imaginar nuestra biología: recibimos determinados genes de nuestros padres y esos genes establecen, casi como un programa previamente escrito, aquello que nuestro organismo llegará a ser.

Desde esta perspectiva, la herencia parecía una especie de sentencia biológica.

Bruce Lipton cuestiona profundamente esta visión, a la que denomina determinismo genético, y utiliza la epigenética para proponer una imagen mucho más dinámica de la vida.

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¿Qué es realmente un gen?

Un gen contiene información que puede ser utilizada por la célula para producir determinadas moléculas, especialmente proteínas. Lipton utiliza entonces una metáfora muy gráfica: un gen se parece a un plano arquitectónico.

Pero un plano no construye una casa por sí solo. Puedes dejar los planos sobre una mesa durante cien años y ninguna pared aparecerá espontáneamente. Hace falta un sistema capaz de leerlos, interpretarlos y decidir cuándo utilizar determinada información.

De allí surge uno de los conceptos centrales de la epigenética.

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El gen no trabaja solo

La palabra “epigenética” contiene el prefijo griego “epi”, que significa “sobre” o “por encima de”.

En términos generales, la epigenética estudia mecanismos capaces de modificar la actividad de los genes sin alterar necesariamente la secuencia del ADN.

Esto cambia significativamente la antigua imagen del gen como soberano absoluto de la célula. Los genes forman parte de un sistema.

La actividad genética puede responder a señales químicas, metabólicas, hormonales y ambientales.

Nutrición, sustancias tóxicas, procesos inflamatorios, actividad física, envejecimiento y numerosas condiciones del entorno celular pueden influir sobre la expresión genética.

Lipton lleva esta idea todavía más lejos. Para él, también nuestras percepciones, creencias y estados emocionales forman parte del ambiente que finalmente recibe el organismo. Y allí introduce una afirmación fundamental: no somos simplemente víctimas pasivas de nuestra herencia genética.

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El ambiente conversa con nuestros genes

Nuestro organismo está permanentemente interpretando el mundo. Cuando percibimos seguridad, amenaza, confianza o peligro, el sistema nervioso y el sistema endocrino responden produciendo diferentes señales bioquímicas.

El cuerpo cambia.

Cambian determinadas hormonas. Cambia la presión sanguínea. Cambia la actividad inmunológica. Cambian el metabolismo y numerosos procesos celulares.

Por eso, para Lipton, existe una relación profunda entre percepción y biología. No significa que podamos controlar conscientemente cada gen simplemente pensando de una determinada manera. La epigenética es muchísimo más compleja que una orden mental dirigida al ADN.

Pero sí aparece una idea extraordinariamente fértil: la biología es sensible al contexto. Nuestro cuerpo no permanece indiferente frente a la manera en que vivimos.

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Cuando el estrés se convierte en ambiente

Uno de los ejemplos que Lipton utiliza con mayor frecuencia es el estrés. La respuesta de estrés constituye un extraordinario mecanismo de supervivencia. Frente a una amenaza, el organismo moviliza recursos para responder rápidamente.

El problema aparece cuando aquello que debería durar minutos se prolonga durante semanas, meses o años.

Entonces vivimos como si hubiera permanentemente un tigre detrás de nosotros, aunque el tigre tenga forma de preocupación económica, conflicto familiar, sobrecarga laboral, miedo al futuro o una interminable sucesión de pensamientos.

El organismo no discute filosofía. Responde. La exposición prolongada al estrés puede alterar numerosos sistemas fisiológicos y contribuir al desarrollo o agravamiento de diferentes enfermedades.

Desde esta perspectiva, si determinadas experiencias están modificando continuamente nuestra fisiología, ¿hasta qué punto nuestra manera de percibir la realidad participa también en nuestra salud?

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La enfermedad no tiene una sola causa

Lipton extiende esta reflexión al cáncer y cuestiona la idea simplificada de encontrar “el gen del cáncer”. La realidad biológica es mucho más compleja.

El cáncer suele surgir de una interacción entre múltiples alteraciones genéticas, mecanismos celulares, exposiciones ambientales, edad, inmunidad, procesos inflamatorios y otros factores.

Por eso resulta insuficiente imaginar que una única pieza genética contiene inevitablemente nuestro futuro. Lipton relata incluso su propia experiencia con un cáncer de lengua y vincula su recuperación con una profunda transformación personal: comenzar finalmente un proyecto que llevaba años postergando.

Su experiencia posee para él un significado central. Pero una experiencia individual, por poderosa que sea, no demuestra por sí sola un mecanismo médico general ni sustituye los tratamientos oncológicos cuya eficacia ha sido evaluada clínicamente. Quizá la enseñanza pueda encontrarse en otro lugar.

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De víctimas de los genes a participantes en nuestra biología

La verdadera revolución de la epigenética no consiste en afirmar que podemos controlar mágicamente nuestro ADN. Es algo más profundo. Nos obliga a abandonar la antigua imagen de un organismo completamente programado desde el nacimiento.

Existe herencia, naturalmente. Existen predisposiciones. Existen mutaciones y enfermedades en las que la genética tiene un peso enorme. Pero también existe regulación, adaptación, ambiente e interacción.

Los genes participan en nuestra historia, pero no siempre escriben solos el argumento completo.

Nuestro estilo de vida, nuestra alimentación, nuestras relaciones, nuestro ambiente físico y social y nuestros estados fisiológicos también forman parte de la compleja conversación mediante la cual el organismo se transforma constantemente.

Quizá por eso la pregunta más interesante ya no sea: “¿Qué destino escribieron mis genes para mí?”.

Sino otra mucho más abierta: ¿qué condiciones estoy creando para que mi biología pueda expresar sus mejores posibilidades?

Allí comienza una visión diferente de la salud. No como una sentencia grabada en el ADN, sino como un proceso vivo de interacción entre la herencia, el ambiente, el comportamiento y la conciencia.

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Siguiendo Juan A. Moliterni:

Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Canalizador, Reiki Ascensional Claridad, Ciencia Astrológica, Músico Arteosofia.

La Hermandad Blanca Universal, la jerarquía espiritual de Maestros Ascendidos, transfiere una antorcha, una Luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la Síntesis de oriente y occidente, de los Valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del Cosmos. Te invitamos a participar!

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