Dejar de confiar en lo intermitente

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Silvia_Severino

Hay vínculos que no terminan de irse, pero tampoco terminan de quedarse. Aparecen, desaparecen, vuelven con un mensaje breve, una excusa mínima, un “hola, ¿cómo estás?” que parece inocente, pero que muchas veces abre una puerta emocional que ya conocemos demasiado bien.

La psicóloga Silvia Severino lo expresa con una imagen contundente: “Mantener contacto con una persona con la que tienes un vínculo emocional intermitente es como emborracharse para calmar el dolor emocional”.

La comparación es precisa porque muestra algo que muchas personas experimentan, aunque no siempre logren poner en palabras. Al principio, ese contacto puede aliviar. Puede sentirse como una caricia para la ansiedad, como una confirmación de que todavía hay algo, como una pequeña dosis de cercanía que calma el vacío momentáneamente.

Pero ese alivio suele tener un precio. Después de la euforia inicial llega la bajada. La conversación se enfría, la respuesta tarda, la presencia vuelve a volverse ausencia y aparece esa sensación amarga de haber regresado a un lugar del que una parte de ti ya quería salir.

No duele solamente extrañar a alguien. Duele comprobar que, una vez más, te colocaste en una dinámica que te desordena por dentro.

La intermitencia emocional tiene algo especialmente desgastante porque no permite cerrar ni confiar. Mantiene a la persona en un estado de espera, de interpretación constante, de vigilancia afectiva. Cada mensaje puede parecer una señal. Cada silencio puede sentirse como un rechazo. Y así, poco a poco, la vida emocional queda pendiente de alguien que no ofrece estabilidad, claridad ni verdadera presencia.

Por eso, el problema no siempre es el contacto en sí, sino lo que ese contacto reactiva. Hay personas con las que hablar no es simplemente hablar. Es volver a entrar en una historia de duda, ansiedad, expectativa y dependencia emocional. Es tocar una herida que quizá estaba empezando a cicatrizar. Es negociar otra vez con aquello que una parte profunda de ti ya sabe: que ese vínculo no te está haciendo bien.

Severino propone algo simple, pero profundamente necesario: hacer una pausa antes de responder. No actuar desde el impulso, desde la nostalgia o desde la necesidad inmediata de alivio. Detenerse un segundo y mirar el cuadro completo. Preguntarse qué ocurrió las veces anteriores, cómo terminó esa conversación, qué sensación quedó después, qué parte de ti se fortaleció y qué parte volvió a sentirse rechazada.

Esa pausa no es frialdad. Es conciencia. Es la posibilidad de elegir desde un lugar más adulto, más sereno y más leal a uno mismo. Porque muchas veces el impulso quiere responder, pero la conciencia sabe que ese contacto vuelve a abrir una puerta que costó mucho cerrar.

Antes de escribir, responder o aceptar un encuentro con alguien que no supo valorarte, conviene mirar más allá del deseo momentáneo. La pregunta no es si está permitido o no. La pregunta es más honesta: ¿esto me acerca a la vida emocional que quiero construir o me devuelve al mismo lugar de siempre?

El amor propio no siempre se siente como fuerza heroica. A veces se parece más a un silencio sostenido con dignidad. A una respuesta que no se envía. A una conversación que ya no se busca. A una puerta que no se vuelve a abrir, no por orgullo, sino por respeto interno.

Tomar distancia no significa odiar. Cortar contacto no siempre es castigar. A veces es simplemente dejar de participar en una dinámica que promete calma, pero termina dejando resaca emocional. Es comprender que no todo lo que se extraña conviene. No todo lo que vuelve merece entrar. No todo lo que despierta intensidad es amor.

Hay vínculos que enseñan, pero no están destinados a quedarse. Hay personas que aparecen para mostrarnos dónde todavía entregamos nuestro centro a cambio de migajas de atención. Y llega un momento en que sanar implica dejar de confiar en lo intermitente, dejar de romantizar la confusión y empezar a elegir aquello que trae paz, claridad y presencia real.

Porque el verdadero amor no debería sentirse como abstinencia. No debería dejarte esperando una señal, midiendo silencios o negociando tu valor. El amor que cuida no intoxica. El amor que permanece no juega a desaparecer. Y la paz, cuando llega, quizás no tenga la intensidad de una recaída, pero tiene algo mucho más valioso: te devuelve a ti.

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Siguiendo Juan A. Moliterni:

Instructor Espiritual de la Ciencia Iniciática, Canalizador, Reiki Ascensional Claridad, Ciencia Astrológica, Músico Arteosofia.

La Hermandad Blanca Universal, la jerarquía espiritual de Maestros Ascendidos, transfiere una antorcha, una Luz, a aquéllos que deseen tomarla, que vayan a agarrarla con fuerza. La antorcha de la Síntesis de oriente y occidente, de los Valores apreciados, el conocimiento espiritual y la comprensión del Cosmos. Te invitamos a participar!

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One Response

  1. Micaela
    | Responder

    un silencio sostenido con dignidad.
    Para quienes quieren ver está dinámica dramatizada con un poco de humor, les recomiendo el vídeo clip love kernels feat Rachel Bloom, muestra a una mujer buscando migajas de amor y agarrandose de las señales más insólitas

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